Análisis

Gumersindo Ruiz

Lo positivo en la conferencia de las partes

Cop 28 es la reunión anual promovida por Naciones Unidas sobre cambio climático que se celebra en los Emiratos Árabes Unidos (UAE). Aunque a algunos lo del cambio climático le suene a invento reciente y sigan mostrando reticencias o negándolo, hace más de treinta años que 197 naciones acordaron combatir “la peligrosa influencia del ser humano en el clima”, reduciendo el impacto de huella de carbono, sobre lo que hay evidencia que contribuye al progresivo calentamiento de tierra y mares; el Gobierno de España está fuertemente comprometido, y nos ha incorporado a la High Ambition Coalition de los 15 países con acciones más decididas sobre el clima. Una segunda idea es que al celebrarse en UAE y estar presidida por el sultán al-Jaber, magnate del petróleo, cuyo consumo se intenta reducir al ser los combustibles fósiles responsables de tres cuartos de las emisiones, se ha querido desacreditar la reunión por el conflicto de intereses en su organización; pero siendo esto así, me quedo con lo positivo de un reconocimiento amplio de la verdad del cambio climático, y aceptación de sus causas. Un tercer aspecto es que el año pasado 80 países acordaron reducir gradualmente el consumo de combustibles fósiles, por lo que es probable que se acuerde triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar la eficiencia, tal como ha defendido el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, coincidiendo con Lord Adair Turner, al que conocemos por su informe sobre la crisis bancaria y financiera, y es referencia ahora en la crisis climática; para Turner el compromiso debería ir por acordar acciones afirmativas, más que objetivos. Cuarto, las empresas tienen sus intereses, pero 130 grandes compañías, entre ellas Ikea, Astrazeneca o Volvo, quieren un camino político global claro, para planificar su reducción de carbono. Un quinto aspecto es el financiero y fiscal, tanto de dotación al fondo internacional de ayudas a países en desarrollo con compromisos medioambientales, como apoyos a sectores productivos; un buen ejemplo es la reducción que se quiere hacer de las emisiones de metano, y lo que ha ocurrido en Holanda, donde partidos vinculados con el campo han subido sustancialmente en votos ante el plan del Gobierno de reducir la insostenible población de cerdos.

En los temas medioambientales, como en otros, se suele ir a la crítica fácil, como que organice COP 28 quien vive del petróleo, o que quince mil personas acudan en avión a Emiratos, pero esto es coger el rábano por las hojas, pues no es comparable con los millones que por ocio se desplazan continuamente. Los fastuosos espectáculos de luces de Navidad donde nadie calcula la huella de carbono, que no es sólo la luz, sino la fabricación y el transporte del material, desplazamientos de la gente, energía que consumen los teléfonos con las fotos, además de la contaminación lumínica, es una buena muestra de que el fondo de la cuestión medioambiental son los intereses económicos, pero también la falta de compromiso colectivo e individual. “No es personal, Sonny –decía el Padrino en la película de 1972–, es estrictamente negocio”, pero en este caso parece que ambos coinciden, y de ahí la necesidad de una verdadera acción política.

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