Sin maldad

¡Árbitro, la hora!

La derecha impaciente trata de relegar a "minutos de la basura" todo lo que resta de legislatura

Deberíamos ponernos de acuerdo en la duración de los ciclos políticos, porque si no acotamos temporalmente este término, podemos anunciar cambios de ciclo cada seis meses. En principio, habría que entender que este periodo debería ser superior a una o varias legislaturas para poder adquirir toda su trascendencia, pero la realidad es que ahora se es bastante menos exigente y al simple cambio de vencedor en unas elecciones ya se le adjudica el pomposo calificativo de cambio de ciclo, pretendiendo describir así una gran y duradera rebelión del electorado. La trompetería mediática de la derecha ya lo anunció ante los resultados de las elecciones autonómicas madrileñas, pero silenció esa perspectiva en los comicios de CyL, porque los resultados no fueron tan boyantes como esperaban. Ahora vuelve a resurgir con imparable fuerza después de los resultados andaluces.

El problema es que esta apabullante predicción no se trata como un pronóstico, sino que se pretende incorporar a la realidad con la misma fuerza como si ya el cambio cíclico se hubiera producido. Para algunos es un hecho incontrovertible que el PP ganará las próximas elecciones y que, por tanto, todo este tiempo es una innecesaria prolongación de la agonía gubernamental. La derecha impaciente trata de relegar a "minutos de la basura" todo lo que resta de legislatura y anuncia ya la muerte prematura del Gobierno. Esta ansiedad por atrapar el momento e intentar hacerlo definitivo expresa un escaso respeto a los tiempos democráticos, que aconsejan el agotamiento de los mandatos electorales, y un exceso de precipitación, sacando conclusiones definitivas de lo que solo puede ser una situación temporal en un territorio determinado. Da la impresión de que llegado el momento en que los sondeos vislumbran una victoria electoral de la derecha, todo lo demás deja de tener importancia y únicamente el anticipo electoral y su eventual resultado pasan a ocupar el centro de la actividad política. El problema es que aún queda año y medio del actual mandato y, en este tiempo donde la actividad política tiene un ritmo trepidante, cualquier pronóstico es incierto y cualquier conclusión un gran error. Esta mal disimulada ansiedad recuerda la inseguridad de los hooligans que, sorprendidos del resultado favorable de su equipo y aun sabiendo que queda mucho tiempo de juego, no dejan de gritar: "¡Árbitro, la hora!".

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