Solicitó hace unos días el parlamentario andaluz del PSOE, Francisco Conejo, a la Junta de Andalucía, que "recupere y reactive" el proyecto del Auditorio para Málaga. Afirmó que el equipamiento debe ser una "prioridad" para el nuevo Gobierno, pero lo cierto es que uno no podía evitar el esbozo de media sonrisa al leer declaraciones de Conejo sospechosamente cercanas a las que hasta hace nada pronunciaba Francisco de la Torre sobre, por ejemplo, el sinsentido de que Málaga sea la única ciudad de sus dimensiones sin un auditorio para la música o los múltiples beneficios que traería el edificio sólo en materia turística. Recordaba Conejo, y con razón, que cuando hace unos meses el entonces consejero de Cultura Miguel Ángel Vázquez pidió una reunión al resto de instituciones implicadas para retomar el proyecto, De la Torre pidió que se retrasara la cuestión hasta después de las elecciones autonómicas y que ahora, con las municipales y generales a la vuelta de la esquina, no dice ni mu; pero también podía recordar, de paso, que el propio Vázquez partía de la base de que el proyecto arquitectónico para Málaga era "muy caro" y que había que rebajarlo, lo que sentaba seguramente el peor precedente posible para cualquier negociación al poner un coto inmerecido y humillante a las aspiraciones de Málaga; y que, cuando el Gobierno liquidó el consorcio del Auditorio, que no el proyecto, allá por 2013, la Junta no atendió a ni uno solo de los llamamientos que lanzó el alcalde para mantener viva la cuestión y no dejarla caer en el olvido. He aquí, mientras tanto, que Moreno Bonilla prometió el Auditorio en la campaña y ahora que es presidente su decisión ha sido la del mutis por el foro. Y podemos darnos con un canto en los dientes, porque también prometió el metro soterrado al Civil y al final nanai, ni por abajo ni por arriba. Desde que el Auditorio se convirtió en mercancía electoralista, lo que queda claro es que habrá cualquier cosa en Málaga menos Auditorio. Hoy por ti, mañana por mí.

Y no porque no se pueda, sino porque el cruce de acusaciones, de culpas arrojadas y de agravios comparativos ha sido tan vergonzoso que ya casi entran ganas de decir miren ustedes, déjenlo. No basta con hacerse foros con la plataforma ciudadana, ni con arrojar balones fuera, ni con reaccionar con más rapidez que el contrario: se trata de creer de verdad que Málaga se juega mucho con el Auditorio, que está perdiendo a costa de no tenerlo un alto coste que no se va a recuperar, y de hacerlo. Tampoco valen las mismas excusas sobre la crisis. Hay un mandato bastante concreto sobre la construcción del Auditorio desde hace dos décadas y ya no hay más opción posible que construirlo, no cualquiera, sino el que corresponde. Ya no se trata de las batallitas del PSOE y del PP (de Ciudadanos mejor ni hablamos; es razonable sospechar que ni siquiera saben de qué va esto), sino de trabajar para los ciudadanos. Para eso les pagan. Ya van tarde. Y nosotros también.

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