Desembarco en la Junta

Elías Bendodo y Juanma Moreno se complementan a la perfección, incluso en sus propias ambiciones políticas

La cúpula de Canal Sur, la dirección general de Medios de Comunicación, la Consejería de Fomento, Extenda (la agencia andaluza dedicada a la promoción exterior), Salud, Cultura, el gabinete de Presidencia. Sus elegidos ocuparon estratégicamente los segundos y terceros escalones del organigrama del Gobierno andaluz. Cuando Elías Bendodo aceptó tomar los controles del aparato de la Junta, se hizo acompañar para el desembarco de un puñado de leales para que inspeccionaran el nuevo territorio y le evitaran sobresaltos. La fórmula de urgencia para acceder a una administración desconocida para el PP, después de 37 años de ejecutivos socialistas. Y sucedió de forma inesperada. Al amanecer del 2 de diciembre de 2018, buena parte de los analistas daban por liquidado políticamente a Bendodo tras el recuento electoral. Pronosticaban que Pablo Casado sería más magnánimo en su ajuste de cuentas con Juanma Moreno y le ofertaría una salida de consolación. Pero, como en el película Match point, la bola se paseó por encima de la red y se posó en el campo contrario. Allí aguardaba el poder.

Y el tradicional eje centralista de la Junta, por primera vez en cuatro décadas, giró hacia la periferia. Desde Sevilla se contemplaba con recelo la llegada de un clan o de un lobby malagueño para dirigir una administración considerada como propia. Más provincial que autonómica. Siempre el análisis bajo las miradas localistas de uno y otro bando, que tanto proliferan en esta comunidad. El origen territorial como valor de mérito o demérito para juzgar una gestión.

Elías Bendodo y el presidente andaluz se complementan a la perfección. El primero, como portavoz del Ejecutivo, atrae los focos de la oposición, que así se olvida del segundo. Cada martes, tras el Consejo de Gobierno, se siente cómodo en su papel de ariete contra el PSOE. La herencia recibida. Los medios, en general, se muestran todavía muy cautos. Pocos cuestionan dónde se esconden los pregonados cambios y la efectividad de los planes anunciados. La pandemia obliga a la prudencia. Tampoco corren buenos tiempos para las empresas informativas. Y a Bendodo no se le escapa.

En este escenario, Juanma Moreno proyecta con comodidad su figura institucional. Cultiva un perfil moderado. Levita por encima del bien, del mal y de Vox. Yerra quien piense que el presidente ha cedido los trastos a su lugarteniente. Su personalidad le invita a permanecer siempre en guardia. Ante los contrarios y frente a los propios. Los dos políticos malagueños se complementan hasta en sus ambiciones. A Moreno le gusta el poder institucional, después de años en la cocina de su partido. Ése es el espacio en el que mejor se mueve y más disfruta Bendodo. Un desembarco consolidado. Pero en política sólo cuenta el hoy.

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