Brindis al sol
Alberto González Troyano
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José María Muñoz debe salir del Málaga CF de manera inmediata. De hecho, es él mismo quien debería plantarse ante la jueza Ruiz González y dimitir de todas sus funciones como administrador judicial del club y de las sociedades NAS. Sería lo más honesto y lo mejor para la entidad de Martiricos, que bastante dañada tiene ya su imagen como para que le salpiquen cuestiones judiciales ajenas.
Por supuesto, la presunción de inocencia debe ir por delante. Se llame José María Muñoz, Abdullah Al-Thani o Jamal Satli Iglesias. Curioso que los tres, con lo alejados que están en prácticamente todo -más allá de estar ligados al Málaga CF de una u otra manera-, coincidan en contar con máculas judiciales en sus expedientes. Pero eso es otro tema, ahora toca el del administrador del club de La Rosaleda.
El hombre que debe garantizar la pulcritud del Málaga no puede ser alguien investigado por irregularidades graves ni acusado por el Ministerio Fiscal con tanta contundencia como cooperador en una trama como la del Grupo Vera. El escrito es demoledor y casi la puntilla para alguien que ha perdido todo el crédito que tenía ante el grueso de la afición, que pide a gritos su salida en el estadio día sí y día también.
Ya cuando salió su nombre por primera vez de manera pública (aunque investigado mucho antes), lo más estético y decente habría sido dar un paso al lado y dejar que la jueza le sustituyese por otro administrador judicial mientras avanza (avanza, por decir algo) la causa contra los Al-Thani. Al contrario, se agarró al cargo y tras su enésimo amago de moverse por el perfil bajo, ha vuelto a ponerse en el centro de la foto sin pudor.
El desgaste en estos casi seis años está siendo tremendo. Y se lo ha ido buscando él solito. Ganándose enemigos por decisiones, actitudes y movimientos poco decorosos. Queriendo volar tan alto que se le han derretido las alas como a Ícaro. Nunca debió sentarse en el palco ni ejercer de presidente. Ni meterse en cosas de fútbol o filtrar noticias que perjudican al club. Ni confraternizar con jugadores. Ni negociar con agentes. Efectivamente, se ha extralimitado en infinitas ocasiones en estos años más allá de lo que el cargo requería. Pero esto es algo más.
Debió ser siempre más aséptico y guardarse su altamente desarrollado ego. Y se puede entender que el fútbol es seductor y cuando le das un bocado desata la gula, pero esto ya no es una cuestión de análisis de pecados, esto es mucho más grave. Esto no es un enfrentamiento con medios, con aficionados o accionistas. Esto es la Justicia apuntándote con el dedo y con material para sostenerlo firme. Sí, todo hombre es inocente hasta que se demuestre lo contrario. También es de hombres saber cuando irse de los sitios. Por ética y por estética.
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