Dudas y desconcierto

El principal partido de la derecha atraviesa evidentes problemas de identidad

El pluripartidismo con frecuencia conlleva incertidumbre y fragilidad. Hay que admitir que los gobiernos de coalición albergan en su seno una hipotética inestabilidad que hay que combatir con el ejercicio diario del acuerdo y el entendimiento. El pacto sobre el que sustenta el gobierno de coalición PSOE-UP parece sólido y los primeros compases de su gestión reflejan cohesión, pero cualquier disonancia entre sus miembros hará renacer la sombra de la tensión y la ruptura. Si a ello le añadimos la necesidad de buscar apoyos parlamentarios estables en las filas del secesionismo, con las abismales diferencias y los contradictorios intereses que continuamente manifiestan, es evidente que estamos en los primeros compases de una legislatura que, aunque se pretenda -e incluso se consiga- larga, no perderá su aire de inestabilidad y duda.

Pero en el ámbito de la oposición no parece que exista mayor claridad y consistencia. El principal partido de la derecha atraviesa evidentes problemas de identidad y alterna pronunciamientos que parecen apuntar a un esfuerzo de ubicarse en el centro político con otras decisiones y reacciones que reflejan una profunda inseguridad y un escaso anclaje estratégico que le condenan a un inexplicable seguidismo de la extrema derecha. El problema suscitado sobre el veto parental ha sumido al PP en un preocupante desconcierto que ha servido para aflorar las fragilidades de este partido y las confusiones que tienen sobre un tema tan trascendental como la libertad educativa y los derechos de la infancia. A estas alturas, y después de variadas y reiteradas comparecencias de diversos dirigentes de esta formación, se ha pasado de la defensa a ultranza de esta más que discutible y dudosa prerrogativa paterna, con ardorosas arengas de su presidente nacional incluidas, a una serie de contradicciones y dudas sobre el significado y alcance de la libertad de enseñanza. Hasta tal punto subsiste el desconcierto, que a estas alturas y en autonomías como Andalucía, aún no se sabe a ciencia cierta si se firmó o no el compromiso del veto parental, cual es el alcance de este compromiso y si se va a aplicar y de qué manera. Y en este panorama de dudas y contradicciones siempre aparece Vox abriéndose paso entre tanta debilidad, con actitudes de matonismo político, amenazando con hacer saltar la banca y poner patas arriba la estabilidad de los gobiernos autonómicos que con su concurso se eligieron. Para preocuparse.

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