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Nocivas alianzas

La propuesta de castigar la facturación de las energéticas ha sido el siguiente despropósito

Hay circunstancias en las que todo gobierno vive un annus horribilis durante su mandato. El problema es cuando se suceden uno tras otro sin tiempo para poder corregir el rumbo. Tras la pandemia, el volcán, la invasión de Ucrania y la crisis energética algunos empiezan a pensar que debe haber algún gafe en la Moncloa, porque de lo contrario no se puede tener tan mala suerte en una única legislatura. Probablemente haber comenzado gobernando mediante una moción de censura, apoyada por extremistas, nacionalistas y filoterroristas, fue un mal augurio de lo que vendría después. Y finalmente así ha sido.

Cuando parecía que se había encontrado algún apoyo en el ámbito internacional a las propuestas españolas, el portazo de Francia al gaseoducto transfronterizo fue el inicio de un nuevo calvario. La propuesta siguiente de castigar impositivamente la facturación de las energéticas ha sido el siguiente despropósito. Es evidente que nadie puede gravar unos ingresos antes de que se detraigan los gastos, y así se lo ha hecho saber la comisión europea a la ministra de hacienda, por lo que ha habido que, nuevamente, agachar las orejas y rendirse a las evidencias.

En esta tesitura ha sido Nuñez Feijoo el que se mostró inflexible con la imposición sobre los beneficios y el que finalmente ha recibido el espaldarazo comunitario. Por ello la intervención de Von Der Leyen en los actos del PP apoyando a su presidente han debido ser analizados en Ferraz con muchísima atención, pues era el aliado firme del que el gobierno presumía. Y precisamente la semana en que se lanzaba la consigna de que Feijoo estaba solo en Europa. Desde luego "a perro flaco todo son pulgas", debieron pensar sollozando en la sede socialista.

Por eso es tan importante ser claro en los principios y estable en los planteamientos. Si Finlandia y Suecia piden su entrada en la OTAN y, dentro del gobierno español, el PSOE la apoya, Podemos se abstiene e IU vota en contra, ¿qué puede pensar cualquiera de nuestros prebostes? Y si se pide a los españoles que ahorremos energía y no generemos más contaminación, pero se usan aviones privados para viajar al Vaticano, a Nueva York o a la vuelta de la esquina ¿qué pensará entonces el ciudadano al hacer su declaración de hacienda? Está claro que alguien debería gestionar esta situación con más cabeza y menos golpes de pecho pero, ¿existe ese mirlo blanco en la actual política española?

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