EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Peleíta

20 de junio 2012 - 01:00

HE visto el vídeo de Canal Sur en el que José Chamizo, el Defensor del Pueblo Andaluz, les suelta una reprimenda a unos políticos del Parlamento autonómico. "La gente está muy cabreada con ustedes, no sé si lo saben -dice Chamizo muy serio-. Están muy enfadados porque los ven todo el día en la peleíta. La gente está hasta el gorro de todos ustedes… Por favor, por favor, un ejercicio de buena voluntad para resolver los problemas del personal". Así ha hablado Chamizo, con ese tono coloquial, tan gaditano, de persona que conversa en un bar mientras se toma el desayuno.

Chamizo usa una expresión gloriosa, "la peleíta", para describir el boxeo de sombras que practica nuestra clase política un día sí y otro también. Y por supuesto que no se trata de pelea, no, sino de una simple "peleíta", para que quede claro lo absurdo y lo pueril de esa conducta. Oímos la palabra -o mejor dicho, la palabrita-, y al instante nos acordamos del teatro de cachiporra en que se ha convertido la política autonómica, y la nacional, y la europea, cosa que no tendría mayor importancia… si no fuera porque estamos al borde de la bancarrota y de una crisis social sin precedentes desde hace más de cincuenta años. "La peleíta". Olé, señor Chamizo. Nunca un diminutivo sirvió para describir mejor un hecho tan vergonzoso.

José Chamizo es una de las raras personalidades independientes que hay en Andalucía. A diferencia de tantos y tantos rectores, catedráticos, jueces, empresarios y personajes del espectáculo que se alinean obedientemente en uno u otro bando esperando órdenes, Chamizo mantiene una extraña obcecación en decir lo que piensa. Por eso se ha convertido en una de las pocas figuras públicas que se ha ganado el respeto de la ciudadanía. Y por si fuera poco, Chamizo tiene una gran experiencia intelectual y vital, ya que ha estudiado en Roma, es sacerdote y ha sido párroco de una iglesia en un barrio de San Roque especialmente castigado por la droga y la marginalidad. Y ese desconocimiento de lo que ocurre en los barrios marginales, o en cualquier otro lugar que no sea un despacho oficial, es justamente lo que Chamizo reprocha a una clase política endogámica que sólo sabe vivir escenificando su "peleíta" diaria, cada vez más torpe y más repetitiva.

Yo no sé si los partidos -sobre todo el PP y el PSOE, pero también IU- son conscientes del descrédito que están viviendo. Por mucho que se engañen con su "peleíta" y sus promesas casi siempre irrealizables, es muy probable que todos salgan calcinados si algún día se adelantan las elecciones. Chamizo lo sabe, y lo sabe cualquier persona que viva en contacto con la calle. Pero los políticos no lo saben, o mejor dicho, prefieren hacer como que no lo saben. Y así siguen, en la "peleíta".

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