De otro color

Juan Pablo Luque Martín

Señor policía, señor guardia civil

15 de octubre 2022 - 01:34

Si con quince años me hubieran dicho que cualquier portada iba a abrir con cifras donde el recuento de heridos entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad iba a ser superior al de los manifestantes, no lo hubiera creído jamás. Confieso que hablar de mi infancia comienza a ser recurrente, pero, a quien suscribe, pocas cosas le interesan más que la envenenada herencia que disponemos para nuestros hijos. Y esta es inquietante: la visión que transmitimos de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, de lo tolerable y lo que no en nuestra sociedad. Y ahí, incluyo a mi Policía Local, cada día más cercana al ciudadano.

Decía Karl Popper que "tenemos que hacer planes para la libertad, y no sólo para la seguridad, por la única razón de que sólo la libertad puede hacer segura la seguridad". A estas alturas nadie cuestiona la necesidad de auspiciar una eficaz defensa del sistema de derechos y libertades postulado en nuestra constitución, conscientes que para su correcto funcionamiento, necesita de una capacidad intimidatoria: una, la concreta, la eficaz (subrayo esta característica) y proporcionada con ocasión del uso de la fuerza; la otra, más importante y de contenido preventivo, la imagen pública de fuerzas y cuerpos de seguridad. No caben falsos discursos ni hipócritas posturas. Son instituciones esenciales para el funcionamiento del sistema democrático. Esa imagen de legitimidad en el uso de la fuerza para proteger nuestras libertades, no puede ser repudiada por algunos especímenes de nuestra clase política, incapaz de asumir el daño que con ello provoca a nuestro estado y nuestra pacífica convivencia.

Acercar las Fuerzas de Seguridad a la ciudadanía, por supuesto; pero que nuestra sociedad redescubra y pondere su legitimidad y el valor de su cometido democráticamente asignados. Vivimos por desgracia en la generación de la imagen. Vale más en un telediario un puntual exceso de fuerza, que el diario y generalizado encomiable trabajo desplegado para nuestra seguridad. No pongo en duda la legitimidad y licitud de manifestarse públicamente como algo absolutamente consustancial a nuestro equilibrio constitucional. Pero frente a la sinrazón de un sistema que mediáticamente cobija deplorables actitudes cada vez más frecuentes, propongamos palabras, artículos, imágenes, donde inequívocamente demostremos sin fisuras la mayoritaria repulsa social. Cualquier fórmula bajo la que quienes provocan a nuestros Cuerpos de seguridad, se sientan delincuentes, al margen de la ley. Hagamos cuanto sea necesario para negar impunidad a aquéllos y reforzar la actuación de ciudadanos que un día y por pública oposición, accedieron al loable trabajo de garantizar nuestra paz social.

Y ahora, con ocasión de sus Patronas, devolvámosle su consideración de Señor. Felicidades Señor Policía Nacional y Autonómica. Felicidades Señor Guardia Civil. Felicidades Señor Policía Local.

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