La agonía de Cs

Dejó escapar una gran ocasión para una nueva línea estratégica que le trasladara a un centro político huérfano

No era probable que la nueva dirección de Cs tomara la decisión de votar afirmativamente la investidura de Pedro Sánchez. Aunque eso hubiera supuesto un cambio radical en la nueva legislatura, en la que el partido de Arrimadas adquiriría un enorme protagonismo político al convertirse en elemento fundamental de la gobernabilidad y evitaría la dependencia de los secesionistas catalanes. No era esperable que esta formación, zarandeada por los resultados electorales y descabezada súbitamente, tuviera los resortes necesarios para seguir el ejemplo de su antiguo compañero de lista municipal Manuel Valls que en un alarde de coherencia, para evitar un gobierno local separatista, dio sus votos a una formación de izquierdas. Puede entenderse que inmersos en una crisis organizativa no tuvieran el temple político suficiente para desandar los errores cometidos en sus anteriores decisiones y poner las bases de un nuevo comportamiento político.

Pero reconocida esa dificultad inicial para cambiar el voto anunciado, lo que tiene poca justificación fue la actitud que en el debate de investidura adoptó el grupo parlamentario de Cs por boca y gestos de su portavoz. No se entiende bien esa pugna de descaro, agresividad y descalificaciones en la que entró Inés Arrimadas para diluirse en esa vorágine de bronca y griterío en que se convirtió el debate. El autoproclamado grupo liberal tenía una magnífica ocasión para, aun manteniendo su negativa al candidato, mantener un discurso mesurado, sereno, centrado, propio de la ideología que dicen profesar. Pero fue todo lo contrario. Un espectador de la sesión plenaria que no conociera la adscripción ideológica de los grupos opositores al gobierno, difícilmente encontraría diferencias políticas en sus discursos y, desde luego, no identificaría a ninguno de ellos con la ideología y el comportamiento liberal. Es más, si en algo distinguió la intervención parlamentaria de Arrimadas fue en su afán de destacar en acritud y provocación, incitando a la ruptura de la disciplina de voto o enseñando carteles para ridiculizar al adversario. Cs dejó escapar una gran ocasión para sentar las bases de una nueva línea estratégica que le trasladara a un espacio político de centro que hoy ha quedado huérfano. Da la sensación de que con la actitud demostrada en el debate de investidura, este grupo mantiene su agonía y se encamina sin remedio a diluirse en la derecha conservadora del PP, que sin duda lo acogerá en su seno encantado.

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