Año de nieves, año de caos

29 de enero 2026 - 03:08

Empezamos por Alice en octubre y ya vamos por Kristin. Este invierno vamos camino de agotar todos los nombres previstos para las borrascas hasta Wilma. Es un año de lluvia y nieves, lo que podría traducirse en un año de bienes en algunas zonas que viven de esto, como Sierra Nevada y su estación de esquí. Cetursa, la empresa pública de la Junta que gestiona los remontes y vende los forfait, ya tiene claro que será un año histórico porque, a pesar de algunos cierres obligados por el viento, el manto blanco que dejan estas borrascas atrae a miles y miles de personas a las faldas del Veleta.

Los datos de afluencia de esta Navidad o de los últimos fines de semana son excepcionales. Si nos fijamos sólo en esos parámetros podríamos deducir que va como un tiro la estación de esquí, un recurso económico necesario para Andalucía y su proyección como marca turística. Pero, como otras cosas que hasta hace poco dábamos por seguras y eran ejemplo de nuestro progreso –me refiero al AVE– hay un riesgo muy alto de morir de éxito. Los episodios recurrentes de atascos y bloqueos o los cortes de agua y otros servicios esenciales en la urbanización de Pradollano están propiciando que corra como la pólvora (las redes ya son un polvorín) la imagen del caos y cada semana son más las dudas de muchos visitantes para viajar hasta Granada a esquiar o visitar la sierra.

Las culpas se diluyen entre las diversas competencias, municipales –la urbanización depende del Ayuntamiento de Monachil–, autonómicas y estatales. Se lanzan dardos en los medios y cuando la cosa es muy grave se reúnen para tomar decisiones que a lo sumo mitigan un poco el caos el siguiente fin de semana. Pero los problemas de fondo siguen ahí. Un lugar al que ya se sabe que acudirán decenas de miles de personas en pocas horas tiene que estar preparado para gestionar los accesos y la movilidad o garantizar servicios tan básicos como el suministro de agua.

De poco sirve que Cetursa invierta millones cada verano en nuevos remontes si luego falla lo más básico. Falta coordinación y faltan apuestas contundentes. Si hay que poner aforos o autobuses lanzaderas obligatorios, si hay que levantar media urbanización para cambiar saneamientos o cualquier iniciativa que permita ofrecer servicios de calidad, que se haga. Pero pronto, porque la imagen y el prestigio son como el humo que se va y no vuelve.

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