Postdata
Rafael Padilla
Todo se puede decir
Hoy los aragoneses votarán sin alegría. Con una abstención 15 puntos mayor que en municipales, quienes voten lo harán con disgusto. Feijóo pidió en el mitin final de campaña “poner el cabreo a trabajar” y Azcón animó a votar contra el sanchismo. Pero Vox es lo que más les inquieta. En el mitin final del PP actuaron músicos habituales en las fiestas de la extrema derecha y el agitador ultra Vito Quiles, que fue en la lista de Alvise en las europeas. En la acera de enfrente, Pedro Sánchez motiva a los suyos con una guerra contra los tecnoligarcas e identificando el odio de Abascal con el PP.
Sobre los problemas de Aragón hubo escaso debate. Y la financiación autonómica se ha trocado en otro voto inverso. En la era de los populismos, las periferias se ponen frente a la capital. Pero en España en vez de contra Madrid se vota contra Barcelona. La democracia se debilita en beneficio de una extrema derecha antisistema. Hace una década, en un sugestivo ensayo sobre la política y las emociones en el siglo XXI, Manuel Arias Maldonado dibujó la democracia sentimental en la que estamos: un irracionalismo que busca chivos expiatorios, con la vuelta de viejos fantasmas políticos del continente, la xenofobia, el nacionalismo y el populismo: “el resultado es una amalgama de pasiones e hipérboles que se parece poco a la esfera pública sosegada que soñaron los ilustrados como fundamento para nuestras democracias representativas”.
Estas elecciones aragonesas serán una amarga victoria del PP, que ha terminado la campaña desquiciado, por la rebaja de expectativas. Vito Quiles borra cualquier atisbo de moderación de la marca. Habrá batacazo del PSOE, con una candidata endeble, sin discurso propio y sin programa. La estrategia de los ministros escudo de Sánchez no funciona. Y veremos el auge de un Vox alineado con el autoritarismo de Trump. Mientras Marine Le Pen en Francia proclama que la soberanía de los Estados no es negociable o Giorgia Meloni desde Italia recuerda que la amistad exige respeto, los patriotas hispanos cuando se bajan del caballo se quedan cortos de talla. Aunque la España enfadada los hace en las urnas cada vez más anchos.
También te puede interesar
Postdata
Rafael Padilla
Todo se puede decir
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Sin barra, ¿qué bar?
La esquina
José Aguilar
Puente se mueve para escaquearse
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
El pueblo de las mantas