Baltasar está por encima

05 de enero 2026 - 03:06

Tengo una noticia de alcance, los Reyes Magos son tres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Y esos son los que llegaron al portal de Belén, según la tradición cristiana, y quienes se pasearán esta tarde por las calles de los pueblos y ciudades de toda Andalucía repartiendo caramelos, chucherías y, sobre todo, ilusión a los niños y mayores que tendrán que acostarse temprano para que puedan entrar en sus casas y dejarles algún regalito. Y eso es lo verdaderamente importante.

Hay personas que han tenido la inmensa fortuna (eso o que estaban en el lugar adecuado en el momento oportuno) de ser elegidos para encarnarlos en alguna de esas carrozas. Es un verdadero honor y lo mínimo que les pedimos es que estén a la altura del mismo. Porque da igual que el segundo nombre del Rey Mago sea Juanma, Pepote, o Pedro, lo importante es el primer nombre. Y quien no lo haya entendido así está claramente errado.

Lo malo es que es un error que se está extendiendo. Porque tan grave es la tentación de utilizar al personaje por quien lo encarna como de sus rivales políticos en censurarlo y criticarlo. Ninguno de los dos tiene razón; Baltasar está por encima de todos ellos y si hay quien tiene las luces cortas y no es capaz de verlo, estoy segura de que se arrepentirá. Es uno de esos fallos garrafales que luego no tiene reparo.

No es la única polémica que hay en torno a los Reyes Magos. Hay un sector de la sociedad (¿cada vez más amplio? ¿cada vez más joven?) que considera que pintarse la cara de negro es una ofensa a las personas de esa raza. Es lo que se denomina blackface y que en Estados Unidos supone una burla y ridiculización de las personas de raza negra; es una práctica racista. Y tal vez en aquellos lares así lo sea. Pero aquí no. Precisamente es lo contrario. Los Reyes Magos representan a toda la humanidad, los europeos en Melchor, los asiáticos en Gaspar y los africanos en Baltasar, que se postra ante el Niño Dios. Es inclusivo; todas las personas al margen de su raza (otro día habrá que hablar del género, otra batalla abierta) son iguales ante Dios. Pintarse la cara para ser otra persona no es faltarle al respeto a nadie y mucho menos cuando se pretende emular al Rey Mago más deseado, más esperado y más querido.

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