Cambio de sentido

‘Mí no entender’

La cobertura de Inés Hernand en los Goya me puso en la duda: el tripi, ¿se lo ha tomado ella, o yo

Seguro que, a poco que hayan viajado fuera del rebaño touroperador –por cosas de trabajo, reporterismo, o de querer ir adonde no deben– habrán sentido esa interesante sensación que es la extrañeza, el descoloque, el “mí no entender”. A ello lo llamamos exotismo. Durante la gala de los Goya no dejé de pensar en Sigourney Weaver, vulgo La Sigurni, de visita oficial a este lugar estrafalario. ¡Si somos cada cual, sin salir de aquí, y lo propio nos parece extraño! No es que me preocupe la impresión que podamos dar en el extranjero; se trata más bien de cierta empatía con esta actriz que, probablemente, alucinó mandarinas antes, durante y después del acto, tal y como yo flipaba al contemplar en Argel a los hombres que rezan en el boulevard Ernesto Che Guevara, o al señor alcalde de un delicioso pueblo del Pacífico bailando un guaguancó para dar la bienvenida a un grupo de escritores. ¡Viva el mundo!

Antes de que me pique el tábano, me unto el barro: las corrientes de opinión actuales son inflexibles y van a toda leche. Ante cualquier polémica, hay que correr a coger sitio, sin informarnos ni pensarlo dos veces, en la tesis preferente del bando ideológico con el que simpaticemos. Y no movernos de ahí ni locos. Da igual si hablamos de Zorra, los tractores o el cristo de Salustiano. O de los Goya. Ante la imprevisibilidad, toca ser previsibles; ante la complejidad, simples; ante lo intrascendente, graves y enfurruñados; ante lo realmente importante, frívolos e indiferentes. No paso de tomar partido, sino de hacerlo de esta forma.

Vuelvo a los Goya. Mi Sigurni se tuvo que quedar de un aire al verle la jeta al que dice que los del cine son unos señoritos que hacen pelis que no ve nadie (nadie que él conozca), o con la cobertura de las horas previas que, nada menos que en TVE (espero que nadie le dijera que es algo así como nuestra BBC), dio la tal Inés Hernand. Esto me cogió por sorpresa, por lo que mi bochorno fue enciclopédico. Me entró la duda: el tripi…, ¿se lo ha tomado ella o me lo he tomado yo? Un color se me iba y otro se me venía al contemplar a aquella señora, desorientada a pesar del pinganillo, que a todos –Presidente del Gobierno incluido-– llamaba icono, sin saber qué preguntar ni (lo peor) escuchar las respuestas, limitándose a gritarle a

Sigourney Weaver “enjoy the Valladolid wine”, y rematando las frases con un cascabelero “que le den por culo”. Y tantas profesionales formadas en paro. Insisto, a lo gringa: mí-no-entender.

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