Febrero febril

01 de febrero 2026 - 03:13

Estrenamos la paradoja de febrero. En climatología, el periodo más frío del año, por aquello de la inercia térmica de las tierras y la masa de agua de la mar. Los días se hacen más largos en Europa Occidental. Para los romanos, nuestro espejo documentado del ascenso y ruina de una civilización, el “februarius” era un aperitivo de la purificación y el renacer primaveral. Los ritos de “februa” se asociaban al calor limpiador.

Ahora esa calentura la trasladamos a las décimas del termómetro de botiquín y farmacopea para aliviar resfriados, gripes y demás afecciones respiratorias que siguen coleando en la consulta del médico de cabecera.

Febrero es capaz de soplar y sorber a la vez. Es el mes político por excelencia, que combina la estufa enchufada al escaño con los rigores del frío externo que hay lejos del cargo. Y eso que Cenacheriland es el destino perfecto para huir de las nevadas, nieblas, cencelladas y placas de hielo en las carreteras llenas de baches, que hielan hasta el tuétano. Aun así, nos podemos permitir el alivio del caldito de pintarroja y fritura de pescaíto chiringuitero, con permiso de las lluvias que no calan al gusto de todos.

Los agricultores locales, que dependen de los caprichos atmosféricos, tienen que añadir a estos imponderables la inopia de la UE. Lo del tratado con Mercosur. El jueves 29 de enero estuvieron manifestándose frente a la Subdelegación del Gobierno, Caleta Palace. Las señoritas del Limonar se encontraron con el tráfico cortado, la algarabía, el dispositivo policial y verdura gratis para exprimir y cocinar. A mí, que me lo expliquen. Eso de la Agenda 20-30, zebedeo y los productos de proximidad.

Por una parte, estamos asfixiando a los productores autóctonos con papeleos, certificaciones, impuestos, uso de productos fitosanitarios específicos, seguros… Además de tanta filfa eco-sostenible y regulatoria, para colmo, los imprevistos que les depara el cielo en forma de inundación o pertinaz sequía. Hay solución: nos van a traer las papas desde el otro lado del globo y enladrillaremos el resto del campo agrícola desde el valle del Guadalhorce hasta el más allá. Esta es la sostenibilidad que nos acecha. Todo en manos de intermediarios, especuladores, distribuidores de miseria y al resto, que nos den por donde amargan los pepinos del gazpacho. Me entra fiebre sólo con pensar en este disparate: un carnaval de máscaras transparentes atentas a sus tipos de interés. La banca, o la bancada interesada, siempre gana.

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