Cenacheriland
Ignacio del Valle
Perrhijos
Con la ventolera del 14 de febrero, a Cupido se le habrá desviado más de una flecha. Las cosas del amor son complejas, incluso en Cenacheriland. De soledad va el asunto de hoy. «Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro» es una idea que se atribuye indistintamente al excéntrico Lord Byron, al filósofo estoico Diógenes de Sinope e incluso a Carlomagno. Me consta que mi pareja, cuanto más me conoce a mí, más adora a Pippo y puede que tenga motivos bien fundamentados.
Entre borrasca y borrasca, tenemos muy presente a la mujer que se ahogó en Sayalonga por intentar salvar a su perro de las aguas. Y es de destacar que, mientras mucha gente se quedaba en casa durante el diluvio, el paseo de la mascota seguía siendo obligado a la hora en que al chucho le tocaba obrar.
Según el registro municipal, que en la capital exige el perfil genético (ADN), en 2021 había censados 38.677 perretes. Ahora incluso se puede pasear por el interior de centros comerciales con el perro atado con correa o a volandas en un bolso. A la industria de las sillitas de bebé le resulta más rentable comercializar carritos para mascotas. A falta de bebés, animales de compañía. El cuidado animal es un negocio redondo y en expansión. Como el teletrabajo, uno de los privilegios del telecurro es poder tomarte descansos a horas extrañas, y resulta curioso observar el trasiego de paseantes donde, entre olisqueos y gruñidos, se puede entablar breve conversación con desconocidos que deriva en una posterior amistad o, al menos, en respeto.
El amor por las mascotas ha tocado techo con animales susceptibles de recibir herencias. Sonado fue el caso de Choupette, la minina de Karl Lagerfeld, el gran diseñador de moda, asiduo a los cuellos de camisa a lo Mortadelo. En estos casos de legar patrimonio a un animal, hay un vacío legal. No ocurre lo mismo con la obligación de salir provisto de bolsa de plástico y botella de agua con lejía para limpiar la toilette del can. La Policía Municipal está muy atenta a los caminantes de la playa para multar a quien se atreva a hollar la arena con su colega fiel. En lugar de tanta multa, tal vez sea el momento de habilitar más espacios para perros junto al mar y en los parques sin churumbeles. Seguro que da votos.
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