Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Hoy estamos viviendo un nuevo proceso de regresión democrática en América con trágicos tintes dictatoriales. Muchos de los países que se sintieron liberados tras la entrada de gobernantes con ideas progresistas, están sufriendo una represión creciente y constante que les aboca una vez más al abismo de la indigencia. El cierre de la Universidad Centroamericana en Nicaragua, junto con la confiscación de todos los bienes de la Compañía de Jesús en ese país, es una muestra más de este proceso imparable de sometimiento al pensamiento único impuesta por una nueva generación de sátrapas salvapatrias.
Cuando ya se cumplen casi 35 años del asesinato de Ignacio Ellacuría y sus compañeros en la Universidad Centroamericana de El Salvador, a manos de la dictadura militar que crucificó a ese país, la dictadura sandinista nicaragüense retoma hoy ese oscuro sendero. Es evidente que el pensamiento crítico choca siempre con los poderes antidemocráticos, y en este caso la muestra es palmaria: tanto la ultraderecha como la ultraizquierda no soportan un ápice de libertad. Sirvan de ejemplo la cantidad de partidos a los que se les ha retirado su personalidad jurídica para que no puedan presentarse a elecciones, degenerando el sistema democrático y convirtiendo cualquier proceso electoral en una farsa para mayor gloria de sus dictadores.
Desde aquella orden tajante del “exprópiese”, esgrimida por Hugo Chávez en Venezuela durante sus paseos confiscatorios por Caracas, la obsesión de acumular riqueza de los gobernantes bolivarianos ha empobrecido sin límites a sus naciones. Hoy la mayoría de ellas presentan unos niveles de represión y pobreza que ponen en tela de juicio tantas supuestas revoluciones de salón. Los guerrilleros de ayer nadan hoy en la opulencia y, dada su pasada naturaleza violenta, someten sin piedad a sus amedrentados compatriotas. El asesinato de líderes políticos o el encarcelamiento de obispos, periodistas y opositores en América muestran el nivel de persecución ideológica que ese continente vive. Y mientras la progresía europea guarda un atronador silencio cómplice.
Tendremos que seguir recordando a todos aquellos miembros de colegios, universidades y centros asistenciales que conforman el patrimonio cultural y espiritual de la Compañía de Jesús en América, porque de su legado nacieron las ideas de libertad y democracia que un día florecieron en ese nuevo mundo.
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