Aunque la nostalgia tiñe estas letras y los dedos que las dibujan por el aniversario del fallecimiento del Capitán, incubé este artículo días atrás, cuando la RAE alumbró el mancillado mundo de Twitter autorizando el uso de la palabra juancarlista para aludir a la legión de fans del gran poeta o a su singular mundo. Como él escribió sobre Camarón y la Llave de Oro del Cante, ha llegado tarde. Como suele suceder en este país de homenajes póstumos, ahora que él no está han crecido sus admiradores, su chusma selecta. Pero él no está. Y, claro, nos hemos quedado sin su cuplé borde de respuesta. Además, puestos a que la RAE le diera algo, qué menos que un silloncito en agradecimiento a un poeta que ha venerado la palabra, en continente y contenido, ha puesto la alta literatura al servicio del sentir de su pueblo y ha peleado por el carnaval como arte mayor.

La acepción aparece en un momento en que el juancarlismo está en desuso. "Yo sé que corren malos tiempos / para los revolucionarios / el mundo ya no es solidario / y el hombre mira para adentro / después de tanto sufrimiento / seguir la lucha es un calvario", escribió. Si hoy estuviera aquí, el anuncio de la RAE se traspapelaría en su lista de alertas. Sus seis sentidos estarían puestos en el barrio de Salamanca, alarmado viendo que los palos de golf han sustituido a los claveles. Recuerdo una noche volviendo casi de madrugada a casa una entrevista en Canal Sur en la que explicaba que la humanidad siempre ha avanzado a golpe de revolución. La industrial, la francesa, el fuego, internet. Así que hoy en día diría que la historia de España no solo no evoluciona, sino que va a ritmo de coñeta.

Y estaría más asustado con la creciente polarización de este país, amplificada exponencialmente en estos tiempos de coronavirus. La Guerra Civil nunca cicatrizó, y actualmente la herida se ha reabierto vertiendo la sangre de hasta quien no ha pedido permiso para que se la ensucien. Queríamos una nación plural, no dos Españas. Pero ahí están, en plena crisis, la derecha más pandémica y la izquierda menos marxista (igual por eso le quitaron a Anguita sus últimas energías).

Si en el pasado se levantaron revoluciones, murieron héroes defendiendo ideales de mejora y el pueblo se echó a las calles, fue por consolidar libertades que impidieran a sus hijos tener que volver a hacerlo. Pero esa tregua la hemos convertido en indolencia. Y en un clima así son las alimañas las que avanzan. Las que confunden libertad con libertinaje. Las que hacen que el mundo se mueva a golpe de involución. Y así estamos, con grupos de señoritos levantando trincheras con ropas de marca. Con una coalición de gobierno aferrándose a la silla tufando a todo para el pueblo pero sin el pueblo. Y yo, mientras, quedándome sin un glorioso pasodoble a los involucionarios.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios