Tacho Rufino

¿La mía? ¡De ninguna manera!

Gafas de cerca

¿Le parece a usted tolerable cometer un acto ilegal para ejercer un derecho ideal

16 de mayo 2023 - 00:00

El chiste que ahora referiremos es pedestre, por lo que daremos antes la de cal y lo diremos citado por lo fino. Upton Sinclair: “Es difícil hacer que una persona entienda algo si sus ingresos dependen de que no la entienda”. La de arena, el chiste, en interpretación libre: un mitin en algún lugar imaginario, in illo tempore o diga usted cuándo, en un pueblo en el que hay pocos privilegiados y mucha gente pobre. El cabecilla: “Vamos a repartir todas las tierras (clamor), todo el ganado (clamor), todas las cuentas (clamor), todos los coches (casi clamor), todas las motos (salta uno, como tímido: “las motos, no... que moto tengo”)”. ¿Facha? Qué va; más bien es rotundamente humano (y les evito el explicar que la gran desigualdad es un problema ético, pero también de seguridad pública). En el renacido debate sobre la okupación sucede lo que sentencian el escritor estadounidense y el chiste de marras, propio éste de Fellini o de Berlanga.

Desde mis modestos entender y mi aún endeudado patrimonio, a quien se mete en una casa de otro habría que desalojarlo y ponerlo a disposición de la Justicia. ¿Tiene usted casa; una o dos o tres o diez? ¿La tiene su madre o su muy hipotecada y trabajadora hija? ¿Le parece un acto legítimo y tolerable que, por figurar en la Constitución el derecho a una vivienda digna, se pueda alguien posesionar --solo y desamparado... o en compañía de mafiosos— de su propiedad, esto es, cometiendo un acto ilegal para hacer efectivo un derecho ideal? No hace falta ser un fassista, sino sólo un vecino, un trabajador, un ahorrador y –¿por qué diantres no?– un inversor, para exigir que se proteja lo que es tuyo legalmente. Repetirse la palabra “legalidad” es pertinente en esto, sea para pedir auxilio ante la okupación de lo tuyo, sea para reclamar castigo y resarcimiento a quien se posesiona de lo tuyo (quizá “lo tuyo” más importante). ¿Recuerdan a Pablo Iglesias contando aquel incidente?: “Tú, lumpen, me robas mi mesa de mezclas; yo te pego un puñetazo”. Tal cual.

¿Debe el Estado proveer de vivienda a quien no la tiene? Y, ¿cómo? Hagamos lo posible (proteger la propiedad legal) y preparémonos para los milagros (otorgarle una casa a todo ciudadano, sea un desgraciado... o un cafre). El Estado debe fomentar el acceso a un sitio donde vivir, en la mayor medida que pueda. Pero trabajarse el indulgente solidario con el delito que daña a otros, teniendo lo propio a cubierto y “tranquilo, majete, en tu sofá”, huele. A hipocresía de oro y a solidaridad de plástico.

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