Necios, conspiranoicos y carroñeros

26 de enero 2026 - 03:06

Señaló Umberto Eco que las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que otorgan a legiones de idiotas que antes sólo opinaban en la barra del bar después de trasegar unos vinos, la posibilidad de arrogarse la misma autoridad sobre cualquier asunto que un premio Nobel experto en ese área. Sufrimos las consecuencias de una universal conjura de los necios que apacienta hordas de conspiranoicos. Personas que arrumbando la navaja de Ockham creen que ante diversas soluciones a un problema la más probable no es jamás la más sencilla y viven obsesionados con que cada hecho, por simple que sea, es fruto de oscuras maniobras de poderes ocultos. Algo así como si Newton al ver caer la manzana hubiera concluido que un duendecillo juguetón del bosque pretendía arruinarle la siesta.

Como ocurrió durante la pandemia o la dana de Valencia, la tragedia del accidente de Adamuz ha desatado el ansia carroñera de muchos que, no contentos con presentarse como expertos en el tráfico ferroviario y pontificar inconscientemente sobre vías, resistencia de materiales e ingeniería, han hecho del dolor de las familias arma política, despreciando el sufrimiento de quienes padecían la angustia de desconocer la situación de familiares y amigos o lloraban ya su pérdida.

Exigir responsabilidades políticas, investigar las causas del accidente y reparar el daño es absolutamente justo y necesario. Los afectados lo merecen y la sociedad debe asegurarse que la Administración trabaje sin descanso para evitar que tragedias como esta, y otras similares, se repitan. Pero saltar a la yugular del contrario, como tantas veces vemos, tachando de asesino al responsable político que ha podido ser ineficiente y hasta un inútil de magnitud sideral, sólo retrata la miseria moral de una sociedad que parece haber perdido el norte ético y moral necesario para la convivencia.

Quizá por todo ello, la actitud del presidente Moreno Bonilla de negarse a rentabilizar políticamente el dolor de los afectados es una muestra de humanidad, señorío y altura política destacable por desconocida en este enrarecido clima sociopolítico que sufrimos. Más, cuando no hace tanto, lo ha soportado en sus propias carnes con el desgraciado asunto de los cribados del cáncer de mama. Ojalá ese estilo tranquilo, sosegado y responsable se extienda entre todos nuestros líderes políticos y empape a una ciudadanía que parece desatada en su ansia carroñera.

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