Sin maldad

Nada es lo que parece

Únicamente así, por pura estrategia electoral, puede explicarse esta sobreactuación política

La época electoral produce en la clase política un efecto narcotizante que agudiza la radicalidad, potencia la agresividad y obnubila el entendimiento. De lo contrario, no se entendería que unas declaraciones sobre la política ganadera con la que -con matices- casi todo el mundo está de acuerdo hayan provocado tan intensa controversia. Muy posiblemente, si no estuviéramos en vísperas de las elecciones en Castilla y León, las declaraciones del ministro de consumo a un diario británico hubieran pasado tan desapercibidas como su propia gestión. Pero algún avispado rastreador, a los 15 días de haberse publicado, las rescató y las explotó en el inicio de la pre campaña.

Parece que esta discusión bizantina es una maniobra electoral del PP que apunta contra el gobierno central, pero la realidad es que contra quien se dispara en esta operación es contra Vox; lo que persigue el partido de Casado es movilizar a su favor al electorado rural de esa comunidad autónoma apropiándose o inventándose banderas que podían caer en manos de su verdadero competidor electoral.

Esta manifiesta y mal intencionada tergiversación de las declaraciones del ministro Garzón por parte del equipo electoral popular hubiera quedado en un lance más del rifirrafe político si no hubiera producido una inexplicable conmoción en el seno del propio gabinete ministerial. Cuesta trabajo comprender que un gobierno de coalición que ha superado discrepancias fundamentales sobre la reforma laboral, el salario mínimo o la política territorial pueda llegar al nivel de desencuentro que se ha alcanzado por unas declaraciones de dudosa trascendencia. Es entendible que el solvente ministro de Agricultura se sienta incómodo con la irrupción de un espontáneo de su propio Ejecutivo que viene a pontificar sobre la política ganadera. Pero de ahí a que esas declaraciones se conviertan en cuestión de estado que haga intervenir al propio presidente de gobierno va un abismo. Parece que la supuesta discrepancia sobre las macrogranjas sea la causa del desaguisado, pero la realidad es que son solo una excusa. Actualmente, al presidente Sánchez y a su partido le interesa ocupar parte del electorado de centro que el PP con su obsesiva persecución de Vox ha abandonado y, por tanto, marcar diferencias con sus socios de gobierno. Y esta era una oportunidad muy propicia para esa operación de largo alcance. Únicamente así, por pura estrategia electoral, puede explicarse esta sobreactuación política.

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