Recibimiento de la afición antes del Málaga CF-Burgos

Recibimiento de la afición antes del Málaga CF-Burgos / Marilú Báez

La campaña de abonos del Málaga CF para la temporada 2022/2023 no tiene ni una semana de vida y ya ha (casi) monopolizado el debate malaguista. Defensores, detractores y mucho vuelo en redes sociales y foros de diverso calado. El impacto social lo ha alcanzado, desde la controversia, sí, pero no cabe duda de que ha logrado que se hable de esta campaña -hasta desde otra aficiones nacionales-. Que se traduzca en nuevos abonados ya es harina de otro costal.

Se puede discutir que el contenido del último vídeo sea idóneo o acertado. Suceder, sucede, y eso no se puede negar o edulcorar. La polaridad existe en la capital, en la provincia y en el resto de España. En la cosmopolita y abierta Costa del Sol, desde luego que el Real Madrid y el Barcelona copan el top de los sentimientos balompédicos de una parte significativa de la población. 

A algún que otro malaguista lo que más le ha dolido no es que la campaña esté falta de razón, le molesta profundamente que vaya a servir de arma arrojadiza una vez más contra sus genuinos sentimientos por parte de paisanos y algún que otro provocador o troll social. El objetivo del club, eso trasladan, era tratar de resaltar la figura de sus fieles por pocos que sean, pero quizás ha quedado la sensación tras la campaña de que la proporción es irreal o exagerada.

También deja cierto regusto de culpar al malagueño por no ser del Málaga, como si las decisiones tomadas no formasen parte de cómo la provincia ve al club, como si los errores y agravios -de ahora y de otras épocas- no fuesen a repercutir para mal en la cifra final de abonados. Cada malaguista elige su forma de hacer malaguismo y algunos consideran que no hay mejor castigo que no abonarse, que los silbidos se los llevan el viento y el himno tras los partidos. La pérdida de masa social tiene que ver también con esto. Y con la pelota, claro, porque las penas con goles son menos. Amar lo propio a veces significa alejarse por el bien de todos.

Se atisbó en la campaña de abonos de este año cierto espíritu reparador, que había tomado nota de ciertos errores del pasado, que son más de tres, como las quejas recibidas. La atención física y personalizada (especialmente para mayores de 65), buscar fórmulas más económicas para cierto perfil de aficionado, abrirse a jóvenes y niños... Soluciones para los problemas de ayer, pero otra vez sin la atención precisa a los que pueden estar por llegar. Es un tic que tiene el Málaga en los últimos tiempos, no medir bien y sólo reaccionar cuando te estalla en la cara.

Saber marcar los tiempos es fundamental, sobre todo cuando te consta que el aficionado medio está harto de la situación y la desafección va en aumento. Si tu sueño es tocar la cima de los 20.000 y apenas llegas a 13.000, no puedes culpar solamente al balón. Y no es que Málaga pida demasiado al equipo o al club, al contrario, llegado el momento, hasta el más aburrido de los malaguistas se anuda la bufanda a la cabeza y se pinta para la batalla.

Igual la campaña, en lugar de esas píldoras previas buscando algo de intriga, tendría que haber contado con algún acto más solemne donde el Málaga sujetase un discurso de autocrítica, perdón y propósito de enmienda. Una presentación oficial en La Rosaleda, con José María Muñoz explicando algunas líneas maestras de hacia dónde se dirigen entidad y equipo (ya que ha sido prorrogado otros seis meses); con Carlos Arias o Ana Vera contestando todas las preguntas y dudas derivadas de la campaña con luz y taquígrafos, para evitar malentendidos, confusiones y conseguir que el mensaje deseado no se diluya entre el ruido.

Con Manolo Gaspar analizando la temporada -si bien es algo que nunca ha hecho, siempre ha hablado tras los cierres de las ventanas de fichajes- y fijando algún detalle de hacia dónde se camina en lo deportivo. Una presentación en la que los Luis Muñoz, Escassi y otros valores representativos de La Academia estuviesen presentes. Un club tiene que tener cara, ojos y voz. Lo contrario es deshumanizarlo y alejarlo de esos a los que ahora se pretende exaltar gracias a este Amor a lo propio.

El malaguismo hay que regarlo a diario, no sólo recurrir a él para que abra la cartera o con algún detalle esporádico. Pero más importante es no confundirlo. El Málaga tiene que regresar a la sencillez, no puede ser que tres días después de abrir el plazo de renovación tenga que publicar una noticia en la que desgrana el cobro del Fiel Malaguista, que también es ganas de complicarle la vida al abonado que lo único que quiere es ver a su Málaga un año más independientemente de resultados, categorías, paquetes y piratas.

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