Sanchismo o muerte

06 de febrero 2026 - 10:18

Sanchismo o muerte no es solo un juego retórico. Es la versión española de una lógica instalada: la idea de que solo hay una forma legítima de estar en política y que todo lo demás es una amenaza. Como en el viejo lema cubano, no se ofrece una alternativa: se impone una disyuntiva moral. O se está dentro, o se está fuera. Y quien queda fuera es señalado o expulsado del marco de lo aceptable.

Este clima no nace por azar. Es el resultado de una estrategia de polarización alimentada desde el poder. Bajo Pedro Sánchez, el PSOE se ha ido alejando de una socialdemocracia reconocible para abrazar un modelo personalista, sostenido más en la ocupación del espacio mediático que en un proyecto coherente. Por eso hablar de socialismo suena cada vez más impreciso; lo que se protege es una forma de mando. En ese engranaje, RTVE ha pasado a una pieza central. La televisión pública aparece como un canal de repetición del relato gubernamental, con presencia política constante y contraste insuficiente. El efecto no es convicción, sino fatiga: cuando la propaganda sustituye al pluralismo, la reacción llega.

La degradación institucional acompaña a esta deriva. Las comisiones de investigación, lejos de esclarecer responsabilidades, se han transformado en teatros de reproche. Unos exhiben tragedias ajenas para tapar las propias; otros responden con el mismo cálculo. El resultado es una política que discute sobre víctimas, pero rara vez asume errores. Mientras tanto, la ciudadanía se distancia.

En ese vacío crece Vox. No siempre por adhesión ideológica, sino por reacción. Cuando muchas personas perciben que sus problemas cotidianos —seguridad, convivencia, servicios públicos— quedan fuera del discurso oficial, buscan a quien los nombre, aunque lo haga con simplificaciones.

Y cuando la respuesta se limita a etiquetar como “ultraderecha” cualquier disconformidad, el término se desgasta. La etiqueta deja de explicar y, en la práctica, termina actuando como gasolina para la indignación.

La regularización masiva de la inmigración lo ilustra: se anuncia desde despachos, pero se vive en barrios donde la integración es frágil y los recursos, escasos. Si no se acompaña de políticas de convivencia y servicios, la tensión no desaparece: se desplaza.

Sanchismo o muerte resume una política que confunde liderazgo con imposición y consenso con silencio. No es la sociedad la que se radicaliza; es el poder el que estrecha el marco hasta provocar la reacción contraria.

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