‘Trumpsición democrática’

09 de enero 2026 - 03:07

Ya no hablamos de hipótesis: Nicolás Maduro está en Estados Unidos tras una operación de captura atribuida a fuerzas estadounidenses y será procesado en Nueva York por cargos relacionados con narcotráfico y “narcoterrorismo”. El hecho, por sí solo, rompe el guion habitual del chavismo: sin el vértice, el poder queda suspendido entre mandos, tribunales y lealtades cruzadas.

La cuestión relevante no es si la salida de Maduro era deseable —para una parte amplia de la sociedad venezolana, lo es—, sino cómo se rellena el vacío sin provocar una implosión. Una transición democrática no se sostiene con una consigna ni con un único liderazgo, por muy legítimo que resulte. En ese marco se entiende que Washington no parezca dispuesto a entregar la llave del proceso a Corina Machado: no solo por afinidades políticas, sino por cálculo de gobernabilidad en un país profundamente polarizado.

La comparación con España sirve para fijar proporciones. Pretender que, tras el fin abrupto de un régimen, gobierne de inmediato quien encarna la alternativa completa es forzar una fractura. La Transición española se apoyó en una idea incómoda pero eficaz: el desmontaje debía contar con participación de sectores del régimen anterior, porque controlaban la administración, la seguridad y los resortes materiales. Sin esa palanca, el escenario habría sido choque y parálisis.

Venezuela está ante una tesitura semejante, con un agravante: aquí no hay “muerte política” interna, sino extracción externa, y eso alimenta el relato de agresión y refuerza reflejos de cierre corporativo. Además, la propia operación abre una controversia jurídica internacional que puede incrementar resistencias dentro del aparato estatal, aunque no impida el proceso judicial en Estados Unidos.

Si se quiere una transición viable, hará falta un gobierno provisional de base amplia, con incentivos y garantías mínimas para quienes acepten desactivar el sistema: calendario electoral verificable, restitución de libertades, liberación de personas presas por motivos políticos, recomposición del árbitro electoral y un plan económico de emergencia con supervisión internacional. Sin una salida negociada para parte del establishment bolivariano, lo más probable es la obstrucción. La oportunidad existe: convertir el golpe en reglas y la indignación en instituciones, antes de que el vacío se convierta en violencia y revancha.

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