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pasado, presente, futuro

Simón Cano Le Tiec / Cultura@malagahoy.es

Los universos por conquistar

EL celuloide puede presumir de haber visto ir y venir todo lo que la ciencia aún se encuentra examinando. En su mayor parte, son esbozos que, muy probablemente, nunca se lleguen a formular. En otros casos, la imaginación del ser humano apenas trasciende, y se deja llevar por el argumento fácil y las explosiones de alto presupuesto. Puede ser triste, pero no hay razón para alarmarse; siempre hay quien pueda rescatarnos de esta espiral que directores como Michael Bay no paran de mover. Y sí, Transformers se merece todos y cada uno de los varapalos que han recibido sus dos últimas entregas. Es obvio que gran parte de la obra de Bay retoma el lógico discurso final de Rutger Hauer en Blade Runner, pero tal vez haya exagerado a la hora de amplificarlo a la superproducción que, tan gustosamente, se ha llevado una de las mayores recaudaciones del año. A la hora de diferenciar quién era más humano que máquina, se creaba el bucle del que tantas películas se han saciado. Ahora bien, la cinta de Bay repite, pero arrebatándole al ser humano todo rasgo de naturalidad, emoción y sentimiento. La comparación es mucho más sencilla en este último caso. Ya lejos de buscarle el fallo a Michael Bay, la ciencia ficción parece haberse labrado un buen futuro en el mundo del cine. ¿Quién creía que a Philip K. Dick sólo podía emularlo Scott? Pues Steven Spielberg le dio la réplica con Minority Report. Lejos de considerarse como una obra de culto, pasó a ser una de las cintas más recordadas del género. Sólo la ambición, el control y la presión social orquestadas por el Rey Midas la convertían en algo más que un sencillo entretenimiento. In time devuelve esperanzas al género, para que no sólo se alimente de los parajes digitales de Pandora en Avatar. Da igual que sean marcadores digitales de la vida que nos queda o de unidades policiales capaces de actuar previamente a un asesinato... lo único que reclama el espectador es algo de cuartelillo, bajo el que resguardarse del cine de explosiones que sólo busca el hábil saqueo de taquillas y sulfurar a los críticos. Recordemos que Ridley Scott apenas sació a sus seguidores con algunos planos de la criatura más terrorífica de la ciencia ficción en Alien, el octavo pasajero, pero no necesitó de más para crear un símbolo de culto mucho más consistente que la típica invasión alienígena. Incluso si rebuscamos en Avatar, veremos que el mismo trasfondo de siempre no varia en absoluto, sólo está más adornado. Todo hay que decirlo, Cameron también ha contribuido a la permanencia del alienígena de turno, con Aliens, el regreso. Y por supuesto, Cameron tampoco tiene pelos en la lengua al hablar de su tan amado 3D. Su repulsión hacia el cine estereoscópico que han creado directores como Alexandre Aja (Piraña 3D) se hace evidente cuando menciona que el formato se hunde (nunca mejor dicho) por culpa de estas cintas. Otra réplica dará Scott el año que viene con Prometheus , la precuela de Alien, que se está rodando en formato 3D.

Parecen quedar universos por contemplar y por conquistar, y otros de los que huir sin pensar; la ciencia ficción suspira porque todavía no ha dado su último grito, aunque con el tiempo, la vela que la representa, se acabará apagando.

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