Inteligencia artificial: ¿dónde están los límites?

La IA provocará cambios tecnológicos tan radicales y rápidos en un sector que de por sí ya avanza a gran velocidad, que merecen una reflexión serena sobre cuál será su uso

La revolución tecnológica lo está cambiando todo. Y a gran velocidad. No hay apenas ámbitos que no se hayan visto alterados por la digitalización y el uso de tecnología. Algunos, rozando el riesgo de la desaparición por caer en la obsolescencia. En medio de esta vertiginosa vorágine de algoritmos, acumulación y uso de datos, y una capacidad de procesamiento al que no se le ve un marco finito, surge un cambio mucho más potente y transformador: la inteligencia artificial generativa. Esto es, el uso combinado de varias tecnologías (reconocimiento de voz, reconocimiento de imagen, algoritmos de aprendizaje profundo) para ofrecer una respuesta cuasineuronal. La revolución que suponen herramientas como Chat GPT y otras similares, con múltiples usos, algunos que no alcanzan lo imaginable y que pueden utilizarse para fines que no son ni éticos y, en determinados casos, legales, abren un escenario para el que no existe regulación. Porque la inteligencia artificial supone un salto que no es comparable con ninguna de las otras tecnologías disruptivas que hemos vivido en este primer tercio del siglo XXI. Será capaz de afrontar casi cualquier reto computacional y dar respuestas que podemos considerar propias de los humanos. Por ello, como acaba de sugerir el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, en un reciente artículo, el uso de la inteligencia artificial no puede avanzar sin que, al menos, haya una reflexión serena de cuáles han de ser sus límites. Es el tiempo de reflexionar y de pensar cómo actuar respecto a la inteligencia artificial. La Unión Europea ya está planteando una propuesta de regulación, de la que sólo hay una versión preliminar que está lejos de ser la definitiva. Es el camino correcto. La potencialidad que supone la inteligencia artificial debe estar enfocada al avance de la humanidad, respetando la privacidad, la igualdad de oportunidades y poniendo coto a intereses totalitarios o delictivos. Reflexionemos sobre cómo actuar. No hay nada más humano que eso.

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