EDITORIAL
Las cifras de la crisis de los cribados
Francisco de la Torre cumple este domingo 25 años al frente de la Alcaldía de Málaga. Un cuarto de siglo en el que la capital de la Costa del Sol ha vivido una transformación sin precedentes. Sin duda, el regidor ha sido el principal protagonista del cambio. Su sello se advierte en el salto cualitativo y de imagen asociado a Málaga y reconocido internacionalmente. Una exitosa operación de marketing digna de estudiar en las mejores escuelas de negocio. Ha construido durante estos cinco lustros una ciudad de autor con su impronta personal. Con tres ejes fundamentales: la cultura, las nuevas tecnologías y el turismo. Su afán por los museos, por las industrias tecnológicas y los nativos digitales, en un ecosistema con la simiente del antiguo PTA, y por la atracción de visitantes a una urbe con ese motor económico gripado y que tantas ventajas aportaba a sus municipios vecinos del litoral. Una gestión con luces y sombras como corresponde a un periodo tan longevo. Donde priman las primeras y son inevitables las segundas. Llámese el Museo de las Gemas o la gestión urbanística en general. Como el problema del elevado precio de la vivienda, fuera del alcance de una mayoría de malagueños, sobre todo de los jóvenes, y su escasez. Una competencia que no es estrictamente del Ayuntamiento y que los gobiernos no afrontan desde finales de los 90. Un cuarto de siglo para una revolución. Con fondos europeos y de la mano de otras administraciones. Hitos como la nueva calle Larios, el Palmeral de las Sorpresas del puerto, el AVE y el Metro o la terminal tres del aeropuerto. De la Torre se ha ganado un lugar en la historia de Málaga que aún quiere escribir.
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