Incorporadas las Canarias a la Corona de Castilla en el S.XV, resultaba conveniente dotarlas de apoyo en la cercana costa saharaui; así, en 1478, Diego García de Herrera fundará Santa Cruz de la Mar Pequeña; los pocos nativos del entorno, tras livianas escaramuzas, pronto se reconocerían vasallos.
El Descubrimiento de América en 1492 priorizará los subsiguientes empeños de la Corona, en detrimento de la costa occidental africana, que quedará casi olvidada hasta que en 1860 (España ya despojada de todos sus territorios en la América continental) con el Tratado de Wad Ras, que pone victorioso fin a la Guerra de África, nuestra Patria vuelve a fijarse en estos inhóspitos parajes, tomando como eje la que se creía primitiva ubicación de Santa Cruz de la Mar Pequeña.
Será en 1884 cuando el oficial Emilio Bonelli, al mando de dos goletas y un pontón, desembarca en la Bahía de Río de Oro, embrión de Villa Cisneros, principiando así el reencuentro entre España y el Sahara, que se desarrollará con hitos tales como la estabilización de La Agüera (1920), la reconstrucción de la ciudad sagrada de Smara (1934), que previamente había sido devastada por los franceses, o la fundación de El Aaiún (Capital en 1940), en la región de la Saguía El Hamra.
Realizando importantes infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos), descubriendo (en 1947) y luego explotando los fosfatos de Bucraa, y construyendo multitud de viviendas, en su gran mayoría sociales y de renta limitada, e incluso un Parador Nacional; todo lo que incrementó considerablemente el bienestar de nativos y españoles –con preeminencia de canarios– que allí se fueron asentando.
Pero el sueño de autogobierno llega, de modo violento (atentados, sabotajes, secuestros…) a la que se había convertido desde 1958 en la 53ª Provincia Española, siendo su guía, desde 1973, El Frente Popular por la Liberación de la Saguía el Hambra y Río de Oro (Polisario).
Ya antes Marruecos (independiente desde 1956), había hostigado a nuestros territorios en África Occidental (en los años 57/58: guerra de Ifni; sangrienta batalla de Edchera; etc.).
El reino alauita, con graves problemas internos, enarbolará (sin sustento histórico) la bandera del Gran Marruecos (creación del partido nacionalista Istiqlal ) y a tal fin no dudará en crear, financiar y promover movimientos variados para la plena anexión del Sahara Español, desplazando en 1974 un importante contingente de tropas a Tarfaya, cerca de la frontera, y desplegando, a la par, una ingente ofensiva diplomática, que, con el inestimable apoyo de Francia y EEUU, acabará dejando en papel mojado el Contundente Dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya de 16 de Octubre 1975 proclive al Referendum de Autodeterminación, al establecer que “no hay vínculos de soberanía entre el Sahara y Marruecos”.
En aquel contexto histórico, con Franco moribundo y el Frente Polisario escorado hacia planteamientos prosoviéticos, fue Marruecos quien supo jugar sus cartas. España, tras la enorme presión ejercida con la Marcha Verde, que movilizó a cientos de miles de personas, opta por abandonar el Sahara, firmando el Acuerdo Tripartito de Madrid por el que cede su administración (que no la soberanía) a Marruecos y Mauritania.
España acelera la retirada; Marruecos inicia la ocupación; muchos nativos (ahora bajo la recién constituida República Árabe Saharaui Democrática) se exilian.
Bajo las órdenes del último gobernador del Sahara Español, teniente general Gómez Salazar (quien a su vez cumplía, con estricto sentido del deber, el mandato recibido), el día 28-2-76, hace ahora medio siglo, el teniente coronel Valdés arria la bandera española en El Aaiún y el comandante Moreno hace lo propio en Villa Cisneros. En 2022 nuestro presidente de Gobierno (como ya hiciera Trump en 2020) dice que un Sahara marroquí es la solución más adecuada.
Los vientos del desierto…