Entre temporales, motosierras y críticas: Ana Isabel y Lucía, las primeras bomberas de Fuengirola

Fueron a Ronda como retén de apoyo y gracias a esa vivencia adquirieron "más experiencia"

Trabajos a contrarreloj en las playas de la Costa del Sol por los daños millonarios de los temporales

Ana Isabel Ruiz y Lucía Pineda, las primeras mujeres en formar parte del Cuerpo de Bomberos de Fuengirola. / Mar Bassa

En una profesión asociada a la fuerza bruta e imaginar a un "hombre grande y musculoso", con comentarios despectivos del estilo de "¿Cómo va a levantar 85 kilos?". Son frases que han leído y escuchado las malagueñas Ana Isabel Ruiz y Lucía Pineda más de una vez. Porque ser bombera, en un cuerpo donde apenas entre el 2 y el 5% son mujeres en España, no es fácil. Pero ellas son las primeras en formar parte del Cuerpo de Bomberos de Fuengirola y lo dicen con orgullo y una amplia sonrisa.

Anaís -como prefiere que la llamen- ha estado opositando seis años. Tiene 29. Lo dice sin grandilocuencia, como quien enumera datos administrativos, aunque detrás de esa frase haya media vida reciente. "A mí siempre me gustó el servicio al ciudadano, pensé en meterme en algún equipo especial, incluso en la Guardia Civil", comenta. Bucea desde hace años y fueron compañeros bomberos quienes le hablaron de la profesión: "Me metieron la espinita y el día que pisé el Parque de Marbella dije: 'Aquí está mi camino'".

A su lado, Lucía sonríe. Tiene 24 años y estudió Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en Granada. Lo tenía claro desde los 17: "Quería ser bombera, pero pensé en tener un plan B". Acabó la carrera y fue directa a la autoescuela a por el carnet de camión, que es a partir de los 21. Fueron dos años "a tope": "Mis padres al principio no se lo tomaron muy en serio, pero cuando vieron academias, entrenadores, carnés, que dejaba ocio, que dejaba planes… entendieron que iba en serio".

Las malagueñas en la sala de formación del Parque durante esta entrevista. / Mar Bassa

Son "tan pocas" en la profesión que "casi" se conocen entre todas. Pero ser el género minoritario pesa: "Al principio no teníamos referentes mujeres. Te preguntas: '¿Podré hacer lo mismo? ¿No podré?'". Anaís lo resolvió a su manera: "Yo soy competitiva, me daba igual si eran hombres, altos, bajos. Yo quería estar arriba, ser de las mejores, y en una oposición con tantas cribas, tu objetivo es ser uno de los mejores, independientemente del resto".

Su llegada al Cuerpo no fue tranquila. Coincidió con el tren de temporales que tuvieron a la provincia en vilo. "Tuve un montón de salidas y me tocó de bombero uno", relata Lucía. Eso significa intervenir directamente junto al cabo. "Subí en la autoescala, manejando los mandos, con tejas caídas, árboles, paneles publicitarios… Cogí la motosierra por segunda vez en mi vida, con la tele grabando y un Tesla debajo de un árbol con solo tres meses", cuenta riendo. Ahora, en ese momento solo pensaba en hacer bien su trabajo.

Retén de apoyo en Ronda

También fueron a Ronda como retén de apoyo. "Había un Puesto de Mando Avanzado potente, la UME, Guardia Civil… Es un núcleo de trabajo al que no estás acostumbrado en el día a día", admite Anaís. Lo que se encontraron en Ronda les "sorprendió" y gracias a esa vivencia adquirieron "más experiencia" al ver a sus compañeros y trabajar codo con codo con otros servicios. Allí también entendieron el valor de la prevención. "Ahora se activan las cosas antes, se desaloja antes, hay más consciencia", añade Lucía.

El día a día en el parque tiene menos épica, pero requiere de más disciplina. A las ocho menos cuarto de la mañana, las dos ya están en el Parque de Bomberos. "Siempre llegamos antes", dicen casi a la vez. No es una norma, pero lo han convertido en una costumbre: entrar con tiempo, saludar al turno saliente, escuchar cómo fue la guardia. "Nos gusta ese ratito, es como cogerle el pulso al día antes de que empiece", explica Lucía. "Y que el café no falte", bromea Anaís.

Después de compartir unos minutos con sus compañeros, llega el momento del relevo. Empiezan con la revisión de camiones y luego es el turno de las prácticas: "Muchas prácticas, sobre todo ahora que somos nuevas". Después de comer, más formación, entrenamiento físico en el gimnasio, limpieza de material, incluso reparar o afilar algunas herramientas. "Hay que estar siempre al 100%, esta profesión no te permite venir lesionado", comparte Anaís.

Y si suena la alarma, todo cambia. "Nos vestimos, uno asiste al cabo, cogemos el teléfono, mandamos la información a la tablet del camión", describe Lucía con naturalidad. Y añade: "Cada uno sabe su puesto: conductor, bombero uno, bombero dos, pero el escenario siempre es cambiante, no hay ninguna intervención igual a otra". Anaís sonríe: "Si suena ahora, te dejamos aquí con el café". De hecho, en mitad de este reportaje suena, pero se retoma un par de minutos después.

Comentarios negativos en redes sociales

Las redes sociales, sin embargo, aunque han llegado felicitaciones, se han llenado de comentarios negativos. "Últimamente nos han venido comentarios de todo tipo: que si reserva de plaza para mujeres, que si tiempos regalados…", cuenta Anaís. Y aclara: "En Andalucía no hay reserva de plaza para mujeres. En Cataluña sí existe un cupo en Generalitat y en el Ayuntamiento de Barcelona, pero si no se cubre, pasa a la bolsa común. En el resto del territorio, no hay".

Sobre los baremos físicos, son transparentes. "En algunas oposiciones el 5 y el 10 es el mismo para todos, en otras hay pequeñas diferencias. En Fuengirola, por ejemplo, los hombres tenían que subir la cuerda en 9,5 segundos para aprobar y nosotras en 10,5", detalla Lucía. Un segundo. "Y parece que ese segundo define si mereces respeto o no, pero nadie en la vida real sube una cuerda a pulso en una intervención", añade.

Anaís lo explica con calma para que todos lo puedan entender: "El proceso selectivo no tiene nada que ver con el trabajo de bombero, es una criba deportiva, nadie va a correr un 100 metros lisos en 11 segundos en un incendio. Un compañero de 55 años, que es un pedazo de bombero, probablemente no pasaría ahora esa prueba, y eso no lo hace peor profesional". Y remata: "Cuando entendimos eso, fuimos más felices".

Las dos compañeras posan para una foto. / Mar Bassa

Les han dicho incluso que con diferencias físicas "no deberían entrar mujeres". Se miran y niegan con la cabeza. "Es ignorancia", responde Lucía. Hace poco viniveron de Madrid a darles un curso: "Nos enseñaron técnicas de arrastre de víctimas. Nunca verás a un bombero, hombre o mujer, sacando a alguien a pulso, es técnica, es saber que si elevas a la víctima en una vivienda incendiada la estás metiendo en la capa de humo". Anaís añade: "Con maña ganas más tiempo que con fuerza bruta".

Recuerdan un incendio real en el que "tres compañeros fuertes" no podían mover a una víctima con sobrepeso. "Nos dijeron que no uno solo no podía ni cogerle los dos tobillos con una mano", cuenta Anaís. "A mí me habría pasado lo mismo, pero a nosotras se nos señala más. ¿Por qué? Porque somos mujeres, porque somos menos", añade. Y reflexiona: "Si estuviéramos al 50%, se miraría más cómo trabajas que si eres hombre o mujer".

En el parque, el jefe del equipo "siempre intenta que los grupos estén equilibrados", cuenta Lucía. Por ello, organizan los pelotones con alguien al que se le den mejor las cuerdas, alguien más ágil, alguien con más experiencia en incendios de vivienda... Porque, como dice Anaís, "donde no puedas entrar tú, entro yo, y al revés".

Como último mensaje, lanzan una invitación sencilla: "Que la gente se informe, que vaya a la fuente". No piden un trato especial, tampoco "nadie les ha relagado nada": "Ni los buenos días". "El que quiera saber cómo trabajamos, que venga al parque, le enseñamos todo y que saque sus propias conclusiones", insisten. Porque, como repite Anaís, "no hemos querido que nos regalen nada". Ellas han luchado por la oportunidad de demostrar, cada vez que suena la alarma, que están preparadas. Y lo están.

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