La cruz del Pico del Cielo de Nerja "vuelve a la vida" gracias a la colaboración de 35 senderistas y deportistas

Para estos vecinos, el emblema simboliza la historia y la memoria del municipio, y un legado que consideran fundamental preservar y transmitir de generación en generación

Derriban la cruz del Pico del Cielo, uno de los enclaves "más emblemáticos" de Nerja

El grupo de personas que fue a arreglar la cruz del Pico del Cielo, en Nerja / Maria Narváez

La cruz que se sitúa en la cima del Pico del Cielo fue derribada antes de la Nochebuena . Según informó el Ayuntamiento de Nerja, el suceso se atribuía a un "acto vandálico". Debido a la gran repercusión que tiene este "monumento" en la sociedad nerjeña, un grupo de 35 personas, pertenecientes a diferentes grupos de senderismo o atletismo, y gracias a la ayuda del Consistorio, consiguieron volver a ponerla en pie.

Dentro del grupo se encontraban María Narváez, actual gerente de XBike Nerja desde hace más de 10 años, y Javier Martín Losada, coordinador del Área de Deportes del Ayuntamiento de Nerja y un amante empedernido de la montaña y las carreras de ultrafondo, ya que en 2024 participó en la Swiss Peaks 660, un recorrido de 693 kilómetros por los Alpes en 13 días.

Cuando el suceso ocurrió en la víspera de Nochebuena, el primero en darse cuenta fue el primo de Martín Losada. "Cuando me lo dijo no me lo terminaba de creer; yo estaba en Marbella con la familia de mi mujer y me vine el viernes 26 para subir con él y ver cómo estaba todo", asegura el coordinador del área deportiva.

Imagen de todas las personas que subieron a arreglar la cruz del Pico del Cielo / María Narváez

La cruz del Pico del Cielo "vuelve a ser la meta del recorrido"

"Cuando me enteré no sabía si hacerlo público o no, no te voy a engañar", recalca Martín Losada. En ese momento, cuenta que le comentó la situación al alcalde de Nerja, José Alberto Armijo, a quien agradece todo el apoyo prestado para que la cruz del Pico del Cielo "vuelva a ser la meta del recorrido".

Tras llevar a cabo una reunión y hacer hincapié en que muchas personas querían colaborar, Martín Losada contactó con el padre de Narváez, Jesús, quien estaba anteriormente en XBike Nerja. Tras hablar con él, cuenta que este no dudó ni un segundo en decir que sí y ayudarlo para que estuviera lo antes posible en el lugar que le correspondía.

Imagen de algunos senderistas de camino a la cima del Pico del Cielo / María Narváez

"Queríamos que todo el mundo se sintiera parte del arreglo de la cruz"

Para Narváez, la noticia de la cruz en el suelo generó una sensación de "vacío". Acostumbrada a subir con frecuencia, explica que el Pico del Cielo “no se entiende sin la cruz”. Durante la subida, en el día de la reparación, recuerda con claridad ese momento en el que al encarar el último tramo buscaba instintivamente la silueta metálica en el horizonte y no la encontraba. “Es una sensación muy rara, porque sabes que debería estar ahí, pero no está”, señala. Para ella, más allá de cualquier simbolismo religioso, es una tradición nerjeña que considera que sus hijos y nietos heredarán.

En el caso de Martín Losada, la implicación fue tanto emocional como organizativa. Reconoce que, desde el primer momento, le preocupó cómo actuar: hacerlo rápido, pero bien; con gente preparada y con la máxima seguridad. “No queríamos que esto fuera cosa de dos o tres personas, sino que todo el mundo se sintiera parte”, explica. Por eso se optó por un grupo reducido pero representativo de senderistas, corredores y clubes locales, con el apoyo del Ayuntamiento de Nerja y Protección Civil. El objetivo, como él dice, "era simple": devolver la cruz a su sitio natural.

El trabajo en la cima, según describen, fue bastante intenso. Se retiraron todos los restos de cristal, se limpió todo el entorno y se reforzó la base con una nueva estructura de hierro y varias cubas de hormigón. Algo que destacaron fue que cada persona colocó una piedra simbolizando que gracias a su ayuda la cruz del Pico del Cielo había, como dicen ellos, "vuelto a la vida". "Eso fue muy bonito, cada uno cogía una piedra y la colocaba. Era como dejar tu huella, pero desde el respeto", declara Martín Losada.

Algunas personas que estaban arreglando la cruz del Pico del Cielo / María Narváez

"Es algo que todos respetamos y deberíamos respetar"

El momento de levantar la cruz quedó grabado en la memoria de los 35. “Pelos de punta y alguna que otra lágrima”, resume Narváez, quien también asegura que lloró. Una vez en pie, relatan que se dijeron algunas palabras y el grupo permaneció unos minutos en silencio observando el paisaje. Para Narváez fue una mezcla de alivio y orgullo: "No por haberla puesto, sino porque volvió a estar donde siempre".

Ambos coinciden en que lo más importante no fue la cruz como objeto, sino lo que representa para la gente del pueblo. Familias de quienes la levantaron originalmente en 1972 contactaron con los voluntarios para agradecer el gesto. “No es solo una cruz en lo alto de un monte”, insiste Martín Losada, “es historia, es memoria, es algo que pasa de generación en generación”. Narváez lo resume desde una mirada más práctica: “Terminas el recorrido y hay algo. Ese algo es la cruz, y todos la respetamos o la deberíamos de respetar”.

Cuando finalmente terminaron todas las labores y descendieron, todos se sintieron, como aseguran ellos, "llenos por dentro". Ante la duda de si vuelve a pasar, contestaron: "Si vuelve a pasar, pues se vuelve a subir, ya ves tú qué problema", confiesan riéndose. Como repiten, el Pico del Cielo sin su cruz no se entiende, y "mientras haya gente que ame la montaña, siempre habrá alguien que esté dispuesto a devolverla a su sitio", concluyen.

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