Cuatro encapuchados irrumpen en un bar de Ardales y roban la máquina tragaperras: “Por la noche esto es un pueblo fantasma”
El hijo del propietario denuncia que actuaron en apenas cinco minutos y se llevaron unos 1.800 euros
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Ardales ha sido escenario de un robo nocturno en uno de sus establecimientos hosteleros. “Por la noche esto es un pueblo fantasma”, sentencia el hijo del dueño del bar afectado, que denuncia la falta de vigilancia especialmente cuando cae la noche. En su caso, cuatro personas irrumpieron encapuchadas y escaparon con la máquina tragaperras y el dinero que contenía la caja registradora. En total, se hicieron, calcula la víctima, con un botín que roza los 2.000 euros.
La cocinera, desde su casa, dio la voz de alarma
Sucedió la noche del jueves al viernes, cinco horas después de que el responsable cerrara sus puertas. Fue la cocinera del negocio la que, alertada por los ruidos, se percató del asalto. Hacia las 3:00 de la madrugada los ladrones manipularon las tres puertas del local para acceder al interior. Según el testimmonio de la familia, primero fracturaron los candados de la puerta exterior de hierro para, a continuación, forzar las otras dos puertas, una de ellas a patadas, según la víctima.
“El bar tiene varios accesos: uno de ellos lo cerramos con llave y, otro, que es de hierro, con candados. Los forzaron todos”, explica el hijo. La cámara de seguridad no pudo cumplir su función aquella noche -estaba rota- y el local no contaba con sistema de alarma en ese momento.
Dentro del negocio ya no quedaba nadie. “Nuestra cocinera vive al lado. Al oír el ruido pensó que se había quedado dormida y cuando vio la hora supo que era de madrugada. Entonces se asomó y lo vio todo”, relata.
La mujer avisó inmediatamente a los propietarios, que acudieron al bar. Sin embargo, cuando llegaron los ladrones ya habían abandonado el lugar. “Sacaron todo en cinco minutos”, aseguran los familiares.
Los asaltantes se llevaron la máquina tragaperras y la caja registradora, con un botín que sumaba unos 1.800 euros. Según la versión del hijo del dueño, el día anterior la máquina había entregado un premio de 500, pero en su base aún quedaba dinero.
Los ladrones, descritos como hombres altos y corpulentos, de entre 1,75 y 1,80 metros de altura, actuaron con el rostro cubierto y huyeron en dos vehículos: una furgoneta gris con franjas negras en la parte inferior y un coche gris tipo berlina.
La familia cree que la voz de alarma que dio la trabajadora pudo evitar un robo de mayor magnitud. “Si no hubiera salido la cocinera, se habrían llevado más cosas. Incluso les dio tiempo a coger un paquete con bebidas Red Bull. Cuando ella empezó a gritar, salieron corriendo”, explica.
El propietario acudió al lugar sobre las tres de la madrugada y contactó con la Policía, que en ese momento le advirtió, supuestamente, que no había presencia policial inmediata y le indicó que su llegada podría demorarse "entre hora y hora y media", por lo que decidieron presentar la denuncia por la mañana.
El negoció levantó la persiana a la jornada siguiente con normalidad. Los responsables decidieron instalar ese mismo día un sistema de alarma y nuevas cámaras de seguridad, ante el temor de que se produjera otro intento de robo.
Aunque es la primera vez que este bar sufre un asalto, en el municipio, según la víctima, ya se han producido otros episodios recientes. Uno de ellos tuvo lugar hace un par de meses. Pide más seguridad. “Ya no es solo porque hayan entrado aquí, es que ha ocurrido varias veces”, denuncia. Su queja es que en Ardales "hay policía sobre todo durante el día, pero por la noche esto es un pueblo fantasma”, insiste.
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