El fentanilo, la 'droga zombie', se cuela en las prisiones de Málaga: desde cartas con remitentes falsos hasta parches

Un reo tuvo que ser evacuado con un cuadro compatible con el consumo excesivo o absorción de sustancias tras mantener un vis a vis.

Evacúan de urgencia a un interno a un hospital con parches de fentanilo ocultos después de un vis a vis

Un parche de fentanilo
Un parche de fentanilo / M. G.

La detección de fentanilo en centros penitenciarios de la provincia de Málaga ha encendido las alarmas entre los funcionarios. La conocen como droga zombie y, aseguran, llega a los presos a través de cartas de familiares y de parches impregnados en una sustancia tan potente como adictiva. El último episodio, ocurrido esta semana en la cárcel de Alhaurín de la Torre, ha puesto de relieve los riesgos que supone la “fácil introducción” de este analgésico opioide en un entorno especialmente vulnerable. Un reo tuvo que ser evacuado de urgencia con un cuadro compatible con el consumo excesivo o absorción de sustancias tras mantener un vis a vis.

Los funcionarios le intervinieron 24 parches de este fármaco que, presuntamente, el recluso llevaba ocultos en una chaqueta después de la comunicación. El interno mostró una clara actitud de agresividad, lo que obligó a extremar las medidas de seguridad para proteger tanto al reo afectado como al personal. Presentaba síntomas evidentes de encontrarse bajo los efectos de estupefacientes, por lo que fue trasladado a la enfermería del centro. Allí se le practicó una prueba radiológica que confirmó que portaba otras sustancias ocultas en el interior de su cuerpo, distintas de las incautadas durante el cacheo.

La asociación Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM) advierte que, de haber logrado introducir los parches en el interior de la prisión, su posible consumo incontrolado o su combinación con otros medicamentos podría haber provocado intoxicaciones graves, sobredosis múltiples e incluso fallecimientos.

En la misma línea, el sindicato ACAIP llamó la atención sobre el elevado número de parches localizados y apuntó también el peligro que habría supuesto que circularan entre la población reclusa.

Fuentes penitenciarias consultadas por este periódico señalan que el caso se enmarca en un fenómeno más amplio: la detección en prisiones de papeles y tiras impregnadas con sustancias como cannabinoides sintéticos —especialmente el conocido como K3—, así como mezclas de ketamina y fentanilo, que por el momento no han llegado a las cárceles malagueñas. Estas sustancias, potentes y difíciles de detectar a simple vista, llegan también a través de comunicaciones, envíos postales o misivas, aprovechando los límites del control sobre la correspondencia. “Los familiares les envían cartas con un remitente falso y les meten papeles impregnados en ketamina o fentanilo”, explican.

El bajo coste y la alta potencia de estas drogas han favorecido su expansión en los centros penitenciarios. En el caso del fentanilo, la vía de entrada más habitual serían los parches, casi transparentes y de tamaño reducido, que pueden ocultarse con facilidad o incluso ser ingeridos o introducidos en el cuerpo. “¿Cómo se detecta un parche que meten donde quieran y que mide milímetros?”, se cuestionan trabajadores, que alertan de que la combinación de fentanilo con otras sustancias “puede resultar letal”. Recuerdan que la población reclusa presenta, en muchos casos, antecedentes de drogodependencia, lo que incrementa el riesgo de intoxicaciones graves.

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