Tribuna de opinión sobre los cien años de la Legión Un siglo de honor

  • El autor repasa los cien años de la Legión y su arriesgada labor, ya sea en combate, o en la vigilancia de la paz

Legionarios, en el transcurso de unas maniobras.

Legionarios, en el transcurso de unas maniobras. / Javier Flores

ESCUCHÉ voces de celebración, de regocijo y alegría que procedían del mesón del acuartelamiento de Montejaque. Estaba de visita al Tercio Alejandro Farnesio, 4º de la Legión, en Ronda, acompañado de un caballero legionario. Le pregunté a qué se debía el jolgorio y vino a decirme que estaban de despedida por su inmediata incorporación a una misión en Mali o en Senegal, no recuerdo bien. Yo sabía que en estos últimos años se vienen haciendo misiones para adiestrar al ejército de Mali y apoyarle en su guerra contra las tropas yihadistas que pretenden hacerse con aquél país.

¿De qué madera –me pregunté– estarán hechos estos soldados (damas y caballeros legionarios) que celebran su partida a un escenario de guerra? Un territorio hostil, con un enemigo que no hace prisioneros y donde hay que enfrentarse, no solo a esos feroces y fanáticos talibanes yihadistas, sino también a unas condiciones extremas de vida. Temperaturas por encima de los 37 grados, paludismo, fiebre amarilla y ausencia total de comodidad y bienestar. A pesar de ello, se muestran alegres y con vivos deseos de enfrentarse a ese infierno.

Me vino a la memoria una película estadounidense que se titulaba Cuando éramos soldados, en la que un teniente coronel, (interpretado por Mel Gibson) recibe la orden de preparar a un grupo de soldados de élite con la misión de tomar el Valle de la Drang a comienzos de la guerra de Vietnam. El teniente coronel, antes de partir, arenga a sus soldados con enaltecedoras palabras previniéndoles de lo que les espera: “Vamos a entrar en el Valle de la Muerte. Lucharéis y muchos moriréis. No puedo prometer traerles de vuelta vivos, pero prometo que regresaremos todos. Porque nos apoyaremos los unos a los otros, no tendremos más ayuda que la nuestra, por lo que ninguno, en ningún caso, abandonará a su compañero. Por eso todos regresaremos a casa, vivos o muertos”.

La mística del legionario, aquello que le hace especial como soldado, descansa en su credo

A comienzos del año 2020, celebraremos el centenario de la Legión Española y, casualmente, el teniente coronel José Millán Astray, su fundador, recibió a los primeros legionarios con esta frase: “Combatiréis siempre y moriréis muchos, quizá todos”, por eso me vino a la mente la película citada.

La soflama del teniente coronel americano era un resumen de lo que, hace ahora un siglo, ya llevaban grabado nuestros legionarios en su corazón: el Credo Legionario. Es la fe lo que hace al legionario español ser un hombre de una madera especial. ¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir! Cantan en su himno.

El misticismo legionario no es religioso, pero hace del legionario un soldado cuya fe le lleva a combatir hasta la muerte. Si Teresa de Jesús, confesaba: “tan alta vida espero que muero porque no muero”, el caballero legionario, tan alto honor espera, defendiendo a su Patria y a su Bandera, que no teme a la muerte. Por eso aquellos legionarios del Cuarto Tercio de la Legión, Alejandro Farnesio, festejaban su partida a una nueva y arriesgada misión.

Porque debemos de tener muy claro que bajo el eufemismo “misiones de paz” se esconde un escenario de guerra. Nuestros soldados, nuestros legionarios, en cualquiera de las misiones que han estado, haya sido en Bosnia, Afganistán, Iraq, el Líbano, El Congo, Mali, Senegal o cualquier otro teatro de operaciones, sabían que iban a encontrarse con un enemigo que solo les ofrecería fuego y plomo, que estarían sobre un terreno plagado de minas mortales, que, de caer prisioneros, serían probablemente ejecutados. Pero, a pesar de ello, como han hecho durante este último siglo, han afrontado el peligro y han expuesto su vida con valentía y honor. Y también con inteligencia y una gran preparación. Su arriesgada labor, ya sea en combate, o en la vigilancia de la paz ha sido excepcional. Así hay que reconocérselo y así se les ha reconocido por los demás países con cuyos ejércitos han compartido misiones.

¿Cuántas películas hubiesen hecho los americanos sobre la Legión?

La mística del legionario, aquello que le hace especial como soldado, descansa en su Credo. Un Credo que inculca valores castrenses y valores humanos y universales. Sus mandamientos enaltecen valores como la amistad, el compañerismo, el espíritu de unión y socorro, el espíritu de sacrificio y el espíritu de disciplina. Y, como soldados, les exhorta a tener siempre presente el espíritu legionario, a ser bravo en el ataque, a tener espíritu de combate, a tener en cuenta que morir en combate es el mayor honor y a ser leal a su Bandera.

Este misticismo, transmitido por el fundador a la Legión, está inspirado en el código de honor de los samuráis japoneses. Sin duda, la vinculación del legionario con la muerte, está más cerca de la filosofía oriental que de la occidental. En cualquier caso, lo que sí es cierto es que, desde que pasan a formar parte de la Legión y hasta su muerte, el Credo Legionario se convierte en la filosofía de vida de las damas y caballeros legionarios. Es increíble ver cómo el espíritu de unión y compañerismo sigue presente en las asociaciones de veteranos y como, todo militar que es destinado a la Legión asume de inmediato el Credo Legionario.

Después de ver la película de Mel Gibson me pregunto: ¿cuántas películas hubiesen hecho los americanos sobre la Legión?

¡Qué orgullosos hemos de estar, como españoles, de este cuerpo de ejército que lo ha dado todo por España!

¡Cuánta gloria le debemos a la Legión y a esos soldados legionarios, hombres y mujeres, a los que la suerte hirió con zarpas de fiera y se hicieron novios de la muerte para defender a nuestra Patria! Cien años de la Legión Española: ¡Un siglo de honor!

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