Resultado y crónica del Breogán - Unicaja Un Unicaja calamitoso (83-75)

  • Partido muy pobre del equipo malagueño, que peleó hasta el final pero que perdió merecidamente en Lugo 

  • El equipo se quedó sin referentes para dominar el encuentro

McCallum lanza ante la defensa del Unicaja. McCallum lanza ante la defensa del Unicaja.

McCallum lanza ante la defensa del Unicaja. / ACB Photo

El Unicaja frenó con las endorfinas a tope tras un gran partido ante el Joventut y volvió hecho una calamidad en Lugo. Se había trabajado bien en el parón, insistió Casimiro, pero el regreso con público resultó descorazonador. En uno de los peores partidos de la temporada ofensivamente, el equipo malagueño perdió de manera merecida en el Pazo. No se abandonó, por decir algo positivo, estuvo en partido casi hasta el final (83-75).

Pero el juego fue malo, sin paliativos. Sin capacidad para crear ventajas, pastoso y con demasiado bote, con muchos hombres desaparecidos. Un Jaime irreconocible, un Roberts intrascedente, un Suárez, el mejor hasta entonces, que debió retirarse poco después del descanso porque muscularmente estaba cargado... Un equipo demasiado pobre, con algún pico alto de Waczynski, Dani Díez o Wiljter. Pero sin continuidad, a tirones y sin solvencia atrás.

Con este panorama de aquí a final de temporada, en el que hay que crear estímulos positivos que a duras penas se ven, no se puede pegar un petardazo así, tres días antes de jugar en Valencia. Se concede que el Breogán se juega la vida y va con el cuchillo. Pero no se puede jugar de esta manera si se quiere transmitir un mínimo de ambición e ilusión. Se puede aludir a la falta de acierto, entendible. Pero cuando se pierden 16 balones y se conceden 17 rebotes de ataque, hay algo más. No sólo es falta de tino.

Salió, no obstante, disparado el Unicaja con un 0-8 que resultó ser un espejismo. Encalló el equipo de Casimiro, convertido en una inusual máquina de perder balones. Al descanso se habían extraviado ya más bolas (13) que la media de temporada (12.8). No había fluidez y tampoco se aprovechaban las no muchas situaciones cómodas de tiro que se generaban. Contrariamente a lo habitual, la entrada de la “unidad española”, con Alberto, Jaime y Suárez, no cambió el panorama.

Especialmente desacertado Fernández, que no metió ningún tiro y perdía balones. Con el Breogán ya enchufado, con Gerun haciendo daño en el rebote de ataque, Suárez sumó 10 puntos, los únicos del Unicaja del minuto 9 al 17. Lo mejor dentro de la desconexión malagueña es que defensivamente no se descomponía. Es cierto que el Breogán no se vuelve loco y contemporiza. El ex cajista McCallum estaba aún dormitando, pero el cuadro lucense conseguía irse al descanso por arriba. Cómo no, con un palmeo de Gerun sobre la bocina (31-30) tras varios ataques erráticos del Unicaja, que sólo había lanzado 23 veces al descanso por 37 del Breogán (más dos tiros libres locales y seis visitantes), que había vivido de las pérdidas cajistas, las había castigado con puntos de contraataque. Tampoco estaba demasiado lúcido en estático, cierto es.

La salida del Unicaja tras el descanso fue paupérrima. Tras una transición culminada por McCallum (39-32), Casimiro pedía tiempo muerto. En un minuto, 0-8 de parcial, con dos triples de Wiltjer y una canasta de Roberts (39-40). Una de esas llamaradas productivas que tiene este equipo en su arsenal, pero que se alternan con agujeros negros. Vinieron minutos de sequía apenas salpimentados con un triple de Wiltjer y cinco puntos de Waczynski. Un triple de Lofberg sobre la bocina del tercer cuarto dejaba el marcador favorable a los gallegos (51-49).

Dos triples de Waczynski anulaban un intento de fuga local y un par de robos de Shermadini aumentaban un parcial de 0-10 (55-59), pero la respuesta era un 11-1. Casimiro le pedía a sus jugadores en un tiempo que fueran duros dentro, que pasaran bien el balón... Apenas un arrebato de Dani Díez, con tiros libres y un triple, daba al Unicaja la última opción en el partido (67-66). Lo siguiente fue una calamidad. Un pase de Salin a ninguna parte, una entrada de Jaime sin mucho sentido, dos triples seguidos de Cvetkovic con un canastón de McCallum, cuando puede correr hace pupa y se sabía, entre medias. Era la sentencia para un partido calamitoso del Unicaja, desnortado tras el parón. Tiene que crear alicientes si no quiere que la temporada se le haga eterna. Así es complicado ilusionarse e ilusionar.

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