Unicaja

El Carpena estuvo a la altura: 9.653 espectadores

  • Ambiente espectacular en el Palacio, de gran noche europea; también cumplieron los abonados, circunstancia que preocupaba en el club

  • Algún episodio tenso, con Sito Alonso y Sadiel Rojas como protagonistas

  • La crónica del Unicaja-UCAM Murcia

Brizuela celebra una canasta con la grada

Brizuela celebra una canasta con la grada / FIBA

El Carpena no notó la actividad cofrade, coyuntura que ponía en riesgo el ver un colorido, por fortuna, habitual en las gradas. La línea que se ha cogido en los últimos meses es imparable, siempre bordeando el lleno, y el partido ante UCAM, tan trascendental, obligaba a ese ligero esfuerzo de una afición que gozó con los de Ibon Navarro, inabordables en su feudo, el mayor activo que tienen los malagueños. Si en el Carpena se respira una atmósfera de tal envergadura, como en las grandes noches, es muy difícil que el equipo se vaya de vacío. 9.653 espectadores, el mejor registro de la temporada en Europa; por el ritmo de venta de entradas se podía vaticinar, pero en el club existía una cierta incertidumbre de si los abonados iban a cumplir. Y vaya si lo hicieron.

Ansiaba la gente verse cara a cara con Alejandro Gómez, Sito Alonso y todo el UCAM Murcia, recibido con hostilidad, pero siempre manteniendo el límite. El director general de los pimentoneros recibió una sonora pitada tras ser enfocado en el videomarcador, justo antes del salto inicial; no se le va a olvidar al aficionado ese nombre, persona non grata en Málaga de por vida. Al igual que un Sito Alonso que hizo su partido, al margen de todo lo que iba aconteciendo sobre el parqué. Protestando la mayoría de acciones, desesperado en la banda, arrastrando una técnica en los primeros minutos, rozando la expulsión por momentos. Tuvo el trío arbitral manga ancha porque méritos hizo, también de vez en cuando haciendo gestos a la grada. No es la primera vez que se ve a ese Sito Alonso en el Carpena.

Sí se apreciaron episodios desagradables durante el último cuarto, a partir de la expulsión de Barreiro, novedoso, porque no se caracteriza por ser un jugador experto en juego sucio, quizás el tener que bailar con Sadiel Rojas, siempre envuelto en este tipo de contextos embarrados, tuvo algo que ver. El banquillo de UCAM entró en el juego del Carpena, con algún que otro miembro del staff desafiando a aficionados, el único lunar de la noche. Los gestos chulescos de los jugadores murcianos se daban por descontado.

No necesitó tampoco el conjunto malagueño recurrir a su gente, con un partido que quedó encarrilado desde bien pronto. Primer episodio dirimido, mejor de lo esperado, aunque no es novedad ver este Unicaja en modo apisonadora. Por el picante extradeportivo, las ganas que han cogido los murcianos a los malagueños, también recíproco al tratar de manchar la imagen del club, había deseo de dar un golpe encima de la mesa. El segundo partido será una guerra.

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