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Derrota para crecer

  • El Unicaja cayó en la pista del Madrid tras una gran remontada que le llevó a dominar por cuatro puntos a dos minutos y medio del final

  • Es doloroso, pero el camino para progresar se traza

Walter Tavares y Giorgi Shermadini pelean por un balón dividido. Walter Tavares y Giorgi Shermadini pelean por un balón dividido.

Walter Tavares y Giorgi Shermadini pelean por un balón dividido. / fotos: emilio cobos / acb photo

Duele la derrota (89-82), tan cerca estuvo el triunfo el Unicaja que dominaba por cuatro puntos a falta de dos minutos y medio. Pero debería quedar una conclusión más positiva, que crecerá con el paso de las horas. Competir a este nivel con el mejor equipo de Europa augura, si se sigue creciendo, días felices para el equipo malagueño. Casi desahuciado en el segundo cuarto (46-31), el primer aplauso es para la negación de la derrota. Bajar los brazos ante la máquina blanca puede ser comprensible con un partido a 48 horas. No se lo plantearon Casimiro y sus jugadores.

Puede verse como algo conformista tener una sonrisa tras una derrota así. Pero hay que contextualizar. El Unicaja da sus primeros pasos en el proyecto Casimiro y el Madrid es un AVE que va a mucha velocidad. Es el campeón de las tres últimos competiciones que jugó (Euroliga, ACB y Supercopa) y no hay atisbos de declive ni de bajada de ambición. Evidentemente, se pudieron gestionar mejor los dos últimos minutos. Quizá faltaron mecanismos, conocerse mejor, para encontrar fisuras en la defensa blanca cuando ésta multiplicó su agresividad. Igualmente, para defender con más efectividad y negar situaciones sencillas para un equipo del apabullante talento individual del Madrid cuando iba cuatro abajo. Se encontraron grietas demasiado evidentes.

31%Triples. También compite el Unicaja cuando no tiene un gran día en el triple

Al inicio con ventaja cajista tras dos triples de Wiltjer (4-11) repelió el Madrid con un parcial de 17-2. A una pequeña reacción cajista, un 13-2 adverso. Se daban demasiadas facilidades en la zona exterior para que los jugadores de Laso encontraran ventajas. Y Tavares tiranizaba el partido. Ese es el nivel de exigencia que tiene el equipo blanco a día de hoy con sus rivales. El Valencia tuvo cinco minutos malos el viernes y pasó de perder por dos a hacerlo por 20 en un parpadeo. Con 48-36 se iba al descanso. Lo normal en las últimas visitas a Madrid ha sido penar tras dos o tres acelerones blancos.

Esta vez no, el Unicaja negó la derrota. Milosavljevic cogió los galones que no ha tenido desde que llegó. Tiene condiciones para anotar en transición y en juego rápido. A veces sólo sabe moverse por un carril, pero tiene más que lo que ha exhibido. Como lo que mostró en el WiZink. Con su actividad defensiva y su capacidad para generar en carrera, metió al Unicaja en el partido. Con la ayuda de un soberbio Alberto Díaz en la dirección, un Shermadini que le hizo algunas cosquillas a Tavares y un Salin puntilloso para anotar. Parcial de 0-13, al estilo Madrid, para mandar 61-64 a finales del tercer cuarto.

Entró el Unicaja en partido en los cinco minutos finales y con cuatro puntos de ventaja a 2:35 tras dos minutos celestiales de Roberts, con siete puntos de golpe (77-81). Laso pidió tiempo muerto y reorganizó. Metió a Tavares, desequilibrante absolutamente, que igualó con tiros libres. Suárez tuvo un triple para poner arriba a falta de 40 segundos y Llull no perdonó, triple, en la siguiente jugada. Se fue el partido, pero queda la idea, la imagen y la ganas. Una derrota para crecer desde ella.

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