Ibon Navarro y una bendita casualidad temporal

Regresa por primera vez a Andorra desde su salida en 2022, dos semanas antes de fichar por el Unicaja, con el que ya cumplió 100 partidos

Ibon y Pellicer, mano a mano

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Ibon Navarro, en el Carpena esta semana.
Ibon Navarro, en el Carpena esta semana. / Unicaja B. Fotopress / M. Pozo

Ibon Navarro había llevado al MoraBanc Andorra a las mejores cotas de su historia. De 2018 a 2022 había consolidado al equipo del Principado en la ACB, mirando más hacia arriba que hacia abajo. Semifinales en Copa y Eurocup, presencia en play off, victorias ante los grandes. La cosa se torció en esa campaña. A su llegada a Málaga reflexionaba sobre su etapa en el Principado, de la que extrajo enseñanzas que intenta aplicar en el Unicaja. “Se van desgastando relaciones personales, es normal porque llevas muchos años. A mí me ha permitido conocerme. Sé qué es lo que habría que haber cambiado, ha sido una lección para mí. Tener tantos jugadores titulares nuevos que competían por primera vez en la ACB ha sido un hándicap importante. Cuatro años son muchos, sobre todo con los mismos jugadores, el mensaje puede resultar repetitivo. Es una cuestión de relaciones personales, es escuchar siempre la misma voz. Hay un desgaste y todo eso es lo que ha pasado. Ha sido una lección para mejorar porque tengo 45 años y no tengo tanta carrera como otros entrenadores”, exponía con sinceridad cuando aterrizó en Málaga.

Aquella temporada culminó con el descenso del MoraBanc Andorra. A finales de enero se produce un momento clave en la historia del Unicaja. De una casualidad brota un ciclo que parece sólidamente encaminado a ser uno de los mejores de la historia del club. El 23 de enero de 2022 Ibon es destituido. Era un técnico seguido por Juanma Rodríguez, director deportivo, coincidía en la manera en la que imaginaba un Unicaja ideal. El 6 de febrero, Fotis Katsikaris deja de ser el entrenador tras una derrota en Zaragoza que deja al equipo lejos del play off y ratifica un momento crítico. Ibon llega a Málaga, revierte la situación y evita riesgos mayores, aunque el equipo se cae en el tramo final de la temporada y acaba con seis derrotas seguidas. No obsta para que la idea de Rodríguez siguiera en pie tras lo que había visto in situ: era su hombre. El olfato no le falló.

Ibon vuelve menos de dos años después a Andorra por primera vez como entrenador para enfrentarse al MoraBanc, felizmente para él de regreso en la ACB. Fue feliz en el Principado, se expresaba en catalán perfectamente y la afición le acogió como un entrenador muy querido. De aquella casualidad temporal el Unicaja se benefició. Y también el MoraBanc regresó. Crecimiento personal y profesional, buenos recuerdos y un reencuentro en la bombonera pirenaica tras cumplir nada menos que 100 partidos con el club malagueño, convertido en icono.

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