Unicaja

La asignatura pendiente

  • En el día después, decepción en el Unicaja por la derrota y la manera aunque satisfacción por la competitividad

  • Se acumulan partidos perdidos ante rivales superiores al final

Carlos Suárez lanza a canasta ante Radolph. Carlos Suárez lanza a canasta ante Radolph.

Carlos Suárez lanza a canasta ante Radolph. / acb photo

El Unicaja abandonaba temprano el AC Iberia de Las Palmas, al lado del Centro Insular de Deportes, antigua cancha del Gran Canaria. Allí está el cuartel general de los equipos de la ACB, el hall es un hervidero de agentes y responsables de los clubes, además de los jugadores. El análisis del Real Madrid-Unicaja comparte protagonismo con el bombazo del Tenerife. Fran Vázquez y Kostas Vasileiadis, ex cajistas, lamentan no haberse encontrado con el Unicaja en la pelea por meterse en la final.

En el CID, el presidente, Eduardo García, y el secretario técnico, Carlos Jiménez, contemplan al equipo infantil pelear con el Real Madrid. Tras un gran primer tiempo, el físico penaliza y el conjunto blanco gana. La sensación sobre el día previo es de orgullo por la imagen del equipo pero también de rabia porque se fue una oportunidad buena que el equipo se había trabajado de manera excelente ante el mejor equipo del último lustro. Y esas oportunidades no vuelven, aunque hay mejor sensación que tras la derrota del año pasado ante el Barcelona. El partido fue notable. Empieza entonces el clínic de Javier Imbroda, de la Asociación de Entrenadores. El entrenador malagueño refiere en su entrada una jugada del último cuarto del Unicaja. Hay un tiempo muerto cuando el Madrid apretaba tras el estirón cajista. Había ocho segundos de posesión después de que la defensa blanca interceptara un pase y Waczynski se la come sin llegar a tirar. "Es una pérdida del banquillo. Nadie advierte de que quedan ocho segundos", incidía el ex entrenador del Unicaja.

En el análisis caben los errores arbitrales. Hay faltas evidentes de Tavares y Campazzo sobre Suárez y Nedovic en instantes en los que se apuraba el partido, con dos y tres puntos de ventaja para el Madrid ya en el minuto final. "¿Ha habido falta no?", era la pregunta más frecuente en la tribuna de prensa al acabar el partido sobre la jugada de Nedovic. Sí, la había. Nedovic se encara con Martín Betrán, que se tragó el silbato, le tienen que parar un par de compañeros. Martín Bertrán mira a Nedovic pero no pita técnica. En otro contexto, sería evidente que esa protesta la merece. Pero no quiso hacer más sangre.

Pero hay que mirarse al espejo para crecer. Son demasiado frecuentes los finales apretados en los que el equipo no da un paso adelante. Influye la falta "instinto asesino" que refería en una interesante rueda de prensa Joan Plaza tras el partido. Con siete arriba mediado el primer cuarto, el Madrid sube líneas; Campazzo, determinante, incomoda el ataque y cuesta que el ataque fluya. Es un momento de tensión que el Unicaja no gestiona bien, más allá de que Rudy coja un rebote clave ante Waczynski y meta un triple que recordó al de sus mejores días para empatar el partido. En esos ataques el Unicaja no encuentra a sus interiores. Carlos Suárez, en una actuación para el recuerdo, no puede crear la ventaja, tampoco los exteriores con el bote. Se empiezan a jugar aclarados para Nedovic y el serbio no se esconde pero no está. Ha jugado más fluido sin él, pero es cierto que no defendía el Madrid entonces tan intenso. La presencia de Tavares condiciona. En el juego de bases Campazzo es el que se impone. Laso no duda en quitar a Doncic a cuatro minutos del final porque el esloveno estaba acelerado. Y el argentino es el que le lleva a ganar el partido.

Cuando se repite esa falta de recursos para ganar partidos apretados ante rivales más poderosos queda una sensación amarga. Se experimentó en 2009, cuando con Aíto al mando se llegó a una final de Copa y se bordeó la de la Liga pero se encadenaron siete prórrogas perdiendo. Quedaba esa frustración que solapaba el buen trabajo hasta llegar a esa situación de cara o cruz en la que intervienen decisiones y calidad. Las teclas que toca Joan Plaza no funcionan de momento en ese instante. La constancia para no perder el hilo y seguir combatiendo se antoja clave de aquí hasta final de temporada. Es mejor debatir sobre qué falló en un final igualado ante el mejor equipo que ver la Copa desde casa, como ha pasado con frecuencia últimamente. Pero el Unicaja debe ser ambicioso para el segundo tramo de temporada, dar ese paso adelante. Empezando por el próximo jueves, ante el Maccabi.

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