Unicaja
  • El ahora consejero de Educación y Deporte de la Junta recibe el reconocimiento del mundo del deporte por su contribución al baloncesto malagueño con una estrella en las afueras del Carpena en un emotivo acto

Una estrella llamada Javier Imbroda

Javier Imbroda, ovacionado en su reconocimiento. Javier Imbroda, ovacionado en su reconocimiento.

Javier Imbroda, ovacionado en su reconocimiento.

Domingo Mérida

Javier Imbroda parafraseaba a Alfredo di Stéfano. "No sé si me merezco esto, pero lo trinco", bromeaba el "melillense malagueño", como le apelaba el alcalde, Francisco de la Torre. Así relataba que el mítico futbolista hispanoargentino respondía cuando le daban un premio. Imbroda es ahora consejero de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, pero fue desde 1984 a 2009 un entrenador de baloncesto sin el cual no se entiende la historia de la canasta en la ciudad, el hombre que llevó a Maristas, un equipo de colegio, a la ACB. El mismo que unificó dos sensibilidades distintas que convergieron en el Unicaja, el primer equipo no madrileño o catalán que llegó a una final de Liga, el primero que de verdad desafió al poder desde este rincón de la península. Por su vertiente deportiva se le colocaba una estrella, la vigésima que hay, en la explanada exterior del Carpena. Allí estaban antes el Unicaja como club, Nacho Rodríguez, Sergio Scariolo y Dani Hierrezuelo, así como Gaspar Anaya, pionero del baloncesto en silla de ruedas. Y recibía un homenaje en la pista central del Palacio, con compañía abrumadora de personalidades de la sociedad malagueña, del deporte y otros estratos de la sociedad. Y con su familia, claro. Sus hijos forman el grupo de éxito JavyPablo.

Imbroda pelea desde hace cinco años contra el cáncer. Tuvo un diagnóstico poco halagüeño en su momento, pero ahí sigue, transmitiendo vitalidad aunque la batalla es dura y deja huellas. Cumple este sábado 61 años y está con ganas, dice que no mira a años vista, sino a semanas. Noelia Losada, José María Arrabal, Francisco de la Torre y Juanma Moreno glosaron la figura del entrenador, empresario y ahora político nacido en Melilla, que llegó con 23 años a Málaga para ejercer como profesor en la Calle Victoria. "Es una figura única, que ha liderado una historia excepcional, que no tengo ninguna duda de que en otros países ya se hubiera llevado al cine. He crecido viendo películas como Hoosiers o Evasión o victoria, que nos han inspirado e influido. La película que Javier ha protagonizado tenía apellidos como García, Sánchez, Fernández, Rodríguez, Ramírez y, cómo no, Imbroda, y es extraordinaria", decía José María Arrabal, que fue alumno de Imbroda en Maristas y ahora su mano derecha como secretario general para el Deporte de la Junta.

De la Torre, Imbroda y Moreno. De la Torre, Imbroda y Moreno.

De la Torre, Imbroda y Moreno. / Domingo Mérida

"Javier aquí hizo un trabajo formidable dentro de este recinto, fue director de Málaga Deportes y Eventos cuatro años. Quiero señalar que la figurar de Javier genera una gran simpatía, ha hecho un trabajo formidable, es un ejemplo de cómo los valores del deporte impregnan en materia de educar a los equipos para competir con nobleza, aceptando la derrota y educando con esfuerzo. Admiro cómo es capaz de transmitir la emoción de su vida en estos momentos. Es un triunfador en la vida, en muchos planos: familiar, empresarial, deportivo y político", reseñaba el alcalde De la Torre.

"Conocía a Javier como todos los malagueños, pero no personalmente. Ha sido un descubrimiento porque es algo fundamental en la vida. Hay buenos y malos gestores, gente cómoda e incómoda. Pero lo fundamental es ser buena persona y Javier lo es. Fluye de manera natural y espontánea. He aprendido de él muchas cosas, nos ha costado mucho una legislatura anormal por esta pandemia. Hemos tenido que parar proyectos, con la doble responsabilidad en el ámbito deportivo y educativo se enfrentó a una pandemia con dos millones de escolares sin que hubiera contactos masivos y lo ha hecho con entereza, audacia y ternura hacia padres y madres. Es muy difícil de hacer, sólo lo hacen los grandes. Ha hecho grandes cosas y nos quedan muchas grandes cosas. Es importante lo que hemos hecho, pero mucho más importante lo que nos queda por hacer", ahondaba el presidente andaluz, Juanma Moreno.

Javier Imbroda saluda a los componentes del Unicaja. Javier Imbroda saluda a los componentes del Unicaja.

Javier Imbroda saluda a los componentes del Unicaja. / Domingo Mérida

Sergio Scariolo, Arturas Karnisovas, Valdemaras Homicius (con los dos vivió la gran experiencia con Lituania en los Juegos de Barcelona'92) Calderón, Juan Carlos Navarro, el hermano Julián Sanz, clave en la epopeya de Maristas, y Jorge Garbajosa mandaron vídeos con referencias a Imbroda, después de que pasaran imágenes con momentos estelares de su carrera. Agradeció el entrenador el homenaje y, tras citar a sus colaboradores y las autoridades, tuvo un discurso brillante para sintetizar lo que sentía, con guiños al Unicaja, presente al completo, de presidente a utillero, en una esquina del Palacio. "Sé que estáis apurados para entrar en la Copa del Rey. Pero que nadie os diga que no es posible. Es posible, mientras hay esperanza hay opciones, id a por ello y quedareis satisfechos", decía, recordando que desde 2009 no está en el banquillo que le hacía acreedor a la estrella tras más de 600 partidos en ACB: "Con 23 años empecé recién llegado de Melilla, vine con dos bolsas de deporte como único patrimonio, lo demás era la ilusión por vivir un sueño. Jacinto Castillo empezaba a ser aquello que se decía general manager, que sonaba muy bien aunque no supiéramos muy bien qué era. Era un pionero en cuanto a la gestión del mundo de baloncesto. Alfonso Queipo pedía información sobre mí cuando jugaba en Melilla, era como si los Lakers me seguían. El hermano Julián cuando llegué fue clave y lo primero que hice es buscar a Pedro Ramírez, que era entrenador y coincidí con él en Almería y nos enfrentamos. Yo entrenaba a La Salle de Melilla y él a Maristas y para que me ayudara a construir fue clave. Juntos conseguimos construir ese sueño. Aquel sueño dio mucho recorrido. Veo a Jesús Peña y Enrique Fernández, de los primeros jugadores que entrené. Simbolizan lo que es poner el talento de cada uno al servicio del equipo. Es legítimo y compatible con la ambición de cada uno. Ese talento lo pusieron siempre al servicio del equipo. Tantos equipos de trabajo que he tenido, entrenadores, fisios, doctores..."

Imbroda, durante su alocución. Imbroda, durante su alocución.

Imbroda, durante su alocución. / Domingo Mérida

"Cinco enseñanzas que he podido conservar", resumía Imbroda sobre lo que le legó el baloncesto: "Uno. Este oficio de entrenar da para muchos momentos de humildad, un valor en peligro de extinción. Dos, muchas veces hay comportamientos que no se reflejan en los datos. El baloncesto a mí me enseñó que en la estadística aparecen cifras, pero hay comportamientos que no se reflejan, buenos o malos. Y no todo son los números. Tres, capacidad de adaptación. Mantenerse tantos años en la élite, donde tienes que estar en movimiento constantemente, cambias de equipo, ciudad, club, país... Es imposible mantenerse tanto tiempo a ese nivel si no tienes capacidad de adaptarte. Cuatro, lo que aprendí del lenguaje universal del deporte. Es el único sector que tiene el mismo lenguaje en el mundo, algo que no tiene ni la política ni la religión. Todos entiende la superación, el esfuerzo, la superación. Un ruso, un americano, un etíope o un canadiense, en cualquier rincón del mundo. Y cinco, los valores que el deporte enseña, que terminan acompañándote a lo largo de la vida. Además de valores hay contravalores, cuidado. Hay que detectarlos e identificarlo, incluso apartarlos. Esos valores me han acompañado siempre. Siguen los mismos principios. El tiempo pasa, pero los principios están ahí y las convicciones también. Con nuevos retos y desafíos, pero los valores son los mismos".

Foto de familia ante la estrella. Foto de familia ante la estrella.

Foto de familia ante la estrella. / Domingo Mérida

"En estos momentos tan especiales recordar a personas que no están entre nosotros y que fueron importantes en mi vida", acababa Imbroda: "En la parte directiva, Raimundo Trespalacios, presidente del Unicaja. A Ernesto Segura de Luna, cuando yo fui seleccionador era presidente de la FEB. Tres personas sobre las que quiero compartir mi añoranza. Damián Caneda, en mis inicios, fue una persona muy importante para mí. Me entrenó cuando tenía 14 años, me siguió, colaboró para que viniera a Málaga y formó parte de mi viaje por la vida, le echo de menos. A Ignacio Pinedo, he conocido a muchos entrenadores y profesores, pero a muy pocos maestros. La diferencia profesor o entrenador es que lo que enseña se queda en un aula o una pista, pero un maestro trasciende los muros de una instalación. Ignacio fue un maestro, me acogió cuando pasaba por Madrid, me trataba como a un hijo. No aprendí ni papa de baloncesto, siempre esperando a ver si podía enseñarte esa jugada mágica y hacer el milagro, no aprendía nada, pero me enseñó cómo se relacionaba con los jugadores, la vida en un vestuario, que es una especie de santuario, suceden muchas cosas. Y la relación con los jugadores, con los directivos, con los medios. Me hablaba del otro baloncesto. El quería escribir del otro baloncesto, a lo mejor cojo el testigo. Y, por último, Fernando Martín. Agradezco a su hermano Antonio que esté aquí, sé que hizo mucho esfuerzo. Tuve una relación con Fernando corta pero muy intensa, venía a nuestro campus de baloncesto en Marbella con muchos niños, se lo pasaba bien, se relajaba, no había manera de salir con Fernando por la calle y allí desconectaba. Teníamos que esconderlo, pero establecimos una relación que perduró y que echo de menos. Nos quedaron muchas conversaciones pendientes. Y, por último, a mis padres, a consecuencia de ellos estoy aquí. Allá donde estén estarán disfrutando de este momento y este día tan especial. Las estrellas sois vosotros". Tras el acto, se procedió a descubrir en las afueras del Carpena la estrella en el suelo. Una estrella llamada Francisco Javier Imbroda Ortiz (Melilla, 1961).

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