Unicaja Baloncesto El rebote como síntoma

  • El partido de Badalona confirmó algunos temores que había sobre la configuración de la plantilla desde que se cerró

  • Más allá de ser un partido puntual, se ha perdido físico

Thompson machaca el aro rival. Thompson machaca el aro rival.

Thompson machaca el aro rival. / ACB Photo

Fue la primera jornada de Liga para el Unicaja y no se pueden hacer conclusiones sumarias, pero los datos se unen a los de pretemporada, que no importa pero sí alumbra, y a las percepciones y sensaciones. Y se coloca en el foco en la configuración y la estructura de plantilla. El rebote es un síntoma, la abismal diferencia que existió en Badalona entre los dos equipos ayuda a entender cuál puede ser el caballo (o caballos) de batalla a los que se deben enfrentar Luis Casimiro. El técnico defendía con vehemencia el nivel de la plantilla semanas atrás. “Es súper compensada”, afirmaba antes de que comenzara el carrusel de partido cuando se le cuestionaba por si carecía de jugadores interiores.

Los pívots salieron trasquilados de Badalona. Thompson tuvo una buena presentación, fajándose con Tomic y abriéndose para hacer daño en el primer cuarto, a Gerun le costó más y Guerrero no acaba de encontrar confianza. El baloncesto fluyó durante varios minutos mientras se ensartaban canastas, en ataques incisivos y cuando Gal Mekel tenía las llaves del partido. Como decía Carles Duran, dominó el israelí pero todo cambió en la segunda mitad, cuando la defensa sobre él fue más agresiva.

La pérdida salvaje del rebote puede denotar falta de concentración o colocación, de hambre. Pero también hay un factor físico. Los pívots de Joventut anotaron 55 puntos y 25 rebotes (más que los 24 del Unicaja). Birgander (su primer partido oficial en más de un año), Brodzyanski, Joel Parra y Ante Tomic tuvieron un día feliz de manera simultánea. Cuando en el tercer cuarto hubo una subida del nivel físico, el Unicaja sufrió bastante.

La configuración de la plantilla ha sido pendular. Se ha perdido poderío físico sin Adams, Toupane, Ejim y Elegar. Ninguno hizo una temporada maravillosa y probablemente ninguno hizo méritos excesivos para continuar, pero ayudaban a hacer más fuerte al bloque. A ello se llegó después de que el primer año de Casimiro se adoleciera de físico y por ello se buscó más dureza. Ahora se ha vuelto al otro lado, privilegiando la capacidad anotadora. No se puede negar que faltan tres jugadores capitales (Jaime Fernández, Carlos Suárez y Dragan Milosavljevic) en la estructura. Tanto como que se conocía perfectamente que el escolta y el alero no iban a estar hasta, mínimo, noviembre. Y, aunque las habas se cuecen a partir de febrero, hay que llegar allí con opciones y sueltos. Y más en esta temporada convulsa en la que no hay garantía de que se jueguen todos los partidos. Cuando se partía, y se celebraba, que la continuidad iba a ser un punto a favor para que el equipo partiera desde un punto más alto, la primera prueba con fuego fue bastante pobre. Este jueves hay una aún más fuerte, la visita del Barcelona a Málaga, en un Carpena desierto al que llegará un equipo Top 5 de Europa. En formación, pero con un potencial tremendo.

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