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El Kiosco María de El Palo, en Málaga, quiere continuar su historia

  • El padre de María Antonia Jiménez lo abrió en 1951 y hoy lo regenta su bisnieto

  • Ahora temen el cierre

María Antonia Jiménez y su nieto Juani Molina en la puerta del Kiosco María. María Antonia Jiménez y su nieto Juani Molina en la puerta del Kiosco María.

María Antonia Jiménez y su nieto Juani Molina en la puerta del Kiosco María. / Javier Albiñana (Málaga)

Habituales de El Palo, clientes conocidos que han visto crecer a Juani desde que tenía meses, de los que se sabe su nombre e intuye su comanda, se sientan al sol en un día radiante de enero. En la terraza del Kiosco María también teje punto María Antonia Jiménez, la hija del fundador del establecimiento, situado en la carretera de Olías. Su historia se remonta a 1951.

Su padre, que trabajaba en la cantera que hizo posible la construcción del Hospital Regional de Málaga, hizo de madera y chapa lo que fuera la vivienda de la familia y también su sustento. En las escrituras se refleja su uso comercial pero nunca han obtenido la licencia pertinente, aunque la han pedido en reiteradas ocasiones desde 1986. Hace diez días la Policía les comunicó que esperaban una orden de Urbanismo para precintar y cerrar el negocio.

“Desde el 86 hasta 2015 mi abuela ha pedido siete veces la licencia y nunca se la daban, siempre estaba en trámite y se seguía con el negocio”, explica Juani Molina, bisnieto del fundador. En 2018 María Antonia se partió la cadera y le fue imposible continuar con el kiosco, así que su nieto dejó el trabajo que tenía y cogió las riendas.

Empezó a tramitar la famosa licencia a su nombre, le pidieron un contrato de arrendamiento y le contestaron que no era posible darle la licencia “porque no tenía ni la licencia urbanística ni el informe medioambiental”, relata Juani.

Juani tras uno de los mostradores. Juani tras uno de los mostradores.

Juani tras uno de los mostradores. / Javier Albiñana (Málaga)

Y subraya que en el Plan General de Ordenación Urbana aparece como “terreno no vial, no apto para tener un negocio, pero tanto en la contribución como en las escrituras se detalla que es comercio y vivienda, igual que en el catastro”, agrega.

“Se supone que esta pastilla de terreno la van a derribar porque van a hacer una rotonda más grande, pero no saben ni ellos cuándo se harán, lo mismo pasan años y lo que queremos es que nos dejen seguir trabajando hasta que esto llegue”, apunta el propietario.

Lo que pide Juani es un documento que le quite el miedo, que asegure que no le van a cerrar el negocio de un momento a otro. Perdería su medio de vida, el de su abuela y la casa de ambos. “No busco nada más que poder continuar con el negocio, seguir adelante, poder tener el kiosco abierto hasta que empiece la obra”, reitera y señala la gran ayuda que le han proporcionado desde la plataforma Zoyderpalo y desde las redes sociales.

También subraya Juani que se trata de una propiedad privada, que no es suelo municipal, y que pasó la inspección técnica del Ayuntamiento. Además, le cobraron 248 euros de tasa de trámite de licencia que le dio esperanzas de recibir el ansiado documento. Pero nada, no hubo manera.

A sus 79 años, para María Antonia sería un mazazo ver cómo se desvanece el lugar que la acogió desde los 10 años y donde crio a sus hijos. “Vinimos del campo porque lo estábamos pasando muy mal y mi madre alquiló otro kiosco cercano por 500 pesetas al mes, mi padre pidió permiso para hacer otro para nosotros y tener una propiedad, que se hizo con el permiso de Obras Públicas”, recuerda María Antonia, que le compró su parte a su hermana, por la que pagó religiosamente, igual que sus impuestos.

Ahora este histórico lugar en La Pelusa podría tener que decir adiós. Lo que aspiran, al menos, es poder seguir escribiendo su historia hasta que el crecimiento urbanístico lo permita.

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