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Cómics

El poder de la palabra

  • ¿Qué es lo peor que le puedes hacer a un periodista de afilada pluma como Spider Jerusalem? Dentro del tercer volumen de la serie encontrarás la respuesta

Portada del cómic. Portada del cómic.

Portada del cómic.

Sales a pasear. Cada cincuenta metros te encuentras a una o varias personas que piden unas monedas para poder comer. La suciedad impregna las calles, y los sucesivos baldeos no eliminan el olor a orines y basura. Una mascarilla se ha convertido en la prenda de moda a causa de un imparable virus venido de Asia. Al otro lado del charco, un tipo con la cara pintada de naranja grita órdenes para levantar un muro, mientras escribe tweets inflamables. Los gobiernos ignoran las repetidas señales de alarma de los que saben del tema, ya que la cuenta atrás del planeta Tierra ha comenzado…

Y ahora que no me digan que el guionista inglés Warren Ellis no es un profeta. Sí, ya sé que tirando de ironía y cinismo exagera las cosas algo, pero si escarbas bajo la superficie de la que puede considerarse su obra magna, Transmetropolitan, observarás que trata los temas que nos acosan a los ciudadanos de a pie en la actualidad: racismo, corrupción política, violencia policial…

En este tercer volumen de la serie que publicó el sello Vertigo, Spider se abre más que nunca, ya sea en una entrevista para un programa de la televisión, en el que comparte sus recuerdos sobre la muerte, o bien, pasearemos de su mano por esta gran urbe en la que vive y que tanto recuerda a muchas otras, navegando entre un mar de cuerpos.

Vendiendo su imagen a diversas compañías, el protagonista no solo nada en la abundancia, se ha hecho rico, sino que ahora es reconocido por todo con el que se cruza. Se ha convertido en un 'objeto de consumo', cosa que odia en lo más profundo de su ser.

Es por ello que su labor, sus escritos en La Palabra se vuelven más duros que nunca, cosa que le va a acarrear más de un problema, como cuando trata de averiguar el porqué del asesinato de un joven, cometido por un quinteto de descerebrados.

Y justo aquí comenzarán los verdaderos problemas, ya que meterse con la policía en esta ciudad puede hacer que tus días estén contados. No, para nada ha caído bien un artículo de Spider, a causa del cual los agentes se ven obligados a detener a los cinco asesinos.

Una cosa lleva a la otra, y sin habérselo propuesto, la violencia más extrema e indiscriminada caerá como un martillo pilón sobre un grupo que exige justicia. Tan solo con la ayuda de su guardaespaldas y su secretaria, además de Royce, el editor que lo soporta, logrará salir del letal agujero en el que se convierten las calles cercanas a la comisaría…

Es entonces cuando sobreviene el golpe más duro, el peor. Una invisible mano cose los labios del periodista, impidiéndole ejercitar su trabajo y derechos. ¿Y quién es el invisible ejecutor de esta orden? Pues tan solo os diré que su propietario vive en una gran casa de color blanco y se ha empeñado en pisotear a Jerusalem como su fuera una vulgar cucaracha.

Pero ya sabéis que estos insectos son duros por naturaleza, y ni un invierno nuclear podría con ellos, ¿verdad?

Pues imaginad hasta dónde puede llegar el protagonista si se ve perseguido, amenazado. El resultado en una historia que os mantendrá pegados a las páginas de este magnífico cómic que mezcla la ciencia ficción con el retrato de una sociedad podrida, donde los valores más básicos hace ya tiempo que se extinguieron.

En esta ocasión, al dúo de creadores, Warren Ellis y Darick Robertson, acompañan una auténtica legión de dibujantes (Frank Quitely, Brian Hitch, Eduardo Risso, Phil Jimenez, John Cassaday, John McRea, …), de lo mejorcito de la profesión, que se encargan de ilustrar algunas páginas de la serie regular, además de dar rostro a su protagonista y peripecias en el especial titulado “Odio todo esto”, que recopila varios textos de Spider, y que viene como colofón a este tercer volumen.

Ah, ¿Y sabéis una cosa...? Los problemas no han hecho más que comenzar.

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