Animal de Champions

Sello El Málaga pasa a octavos de final como líder tras helar el Stadion Petrovsky en una gran primera mitad y sobrevivir al empuje local en la segunda Camaleón Los menos habituales dieron un alto nivel

Santa Cruz y Toulalan van a por todas para disputarle el esférico a Witsel.
José L. Malo

22 de noviembre 2012 - 05:02

ÁRBITRO: Olegario Benquerença (portugués). Expulsó a Bystrov con el partido ya acabado. Hubo fuera de juego previo de Danny antes de que Fayzulin lograra el empate a dos definitivo.

TARJETAS: Amarillas Demichelis (14'), Danny (28'), Buonanotte (35'), Seba Fernández (47'), Anyukov (66'), Bruno Alves (72') y Weligton (92').

GOLES: 0-1 (8') Buonanotte. Gran contra por la banda derecha, donde Seba se desmarca y da un centro al corazón del área para que el argentino controle con la zurda y marque a placer con la derecha. 0-2 (9') Seba Fernández. Mal pase de Malafeev que intercepta Santa Cruz. Éste cede al uruguayo y cruza perfectamente al segundo poste con la izquierda. 1-2 (49') Danny. Hubocan cuelga el esférico al área y el luso controla para luego ponérsela imposible al segundo palo a Caballero. 2-2 (86') Fayzulin. Danny perdona incomprensiblemente en boca de gol, pero el despeje de Onyewu no es bueno y el ruso conecta un afortunado disparo que supera el mar de cuerpos junto al que pasa.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la quinta jornada de la fase de grupos de Liga de Campeones disputado en el Stadion Petrovsky ante unos 19.000 espectadores. Frío y terreno de juego en buenas condiciones.

El fuerte no tiene garantizada la supervivencia en medio hostil. Solo el que se adapta sale ileso. Ese es el Málaga. Llegó a la temible selva de la Champions con fecha de caducidad y ahora se maneja como rey del ecosistema. Ruge como el que más, sin cicatrices, invicto. Ha tumbado a osos polares, leones y víboras. Da igual la amenaza porque es un camaleón, igual Isco desnuda al ejército del Zenit que los pequeños vencen a los tanques rusos. Sembró zozobra en Bruselas y silencio en San Siro. En la Venecia del Norte paseó en góndola por la primera mitad y se hizo flamígero cuando la desesperación del Zenit puso el partido bajo cero. Volvió con el oro de San Petersburgo y el diploma de animal competitivo. Líder del grupo, es leyenda en Málaga y equipo simpático en el Viejo Continente.

La bola con el nombre del Málaga en el sorteo de octavos dará grima a los segundos. Ya no es cenicienta ni calabaza, sino uno de los amos de Europa, de esta Europa blanquiazul. Faltaba solo un punto, pero no dejó de ser sorprendente el logro en Rusia. Isco estaba en chándal, Joaquín en pijama. Pellegrini se protegió con el escudo de siempre, pero cambió sus espadas por puñales. Daba igual, todos usan el mismo perfume en esa misma plantilla. Antes del choque se les conocía por los suplentes, tras él les llamaban de usted. Gloria al triunvirato de Santa Cruz y los dos pequeños, Seba y Buonanotte. Visto lo visto, queda claro que en el jardín de Pellegrini caben flores de todo tipo. Sobre el hielo también crecen. El Ingeniero, el tótem de este sueño. Es entrenador, psicólogo, manager general sin etiqueta y recaudador. Medio kilo más para el jeque, no hay directivo que mire haga por el club que él.

Se esperaba un partido movido del frío a las llamas y así fue. En dos minutos el Málaga apagó cualquier atisbo de infierno. Con la naturalidad y frescura de un padre que juega con sus dos hijos, así destrozaron al Zenit en una primera parte de manual los tres de ataque. Santa Cruz, el maestro, dio dos lecciones de lujo. Dejar pasar en el 0-1 y robarle la cartera a Malafeev para darle el segundo al uruguayo. Aunque sin goles, volvió el killer del Bayern, Ich Roque. Seba, asistente y goleador, fue el que enamoró a Jesualdo Ferreira. Falso nueve, falso extremo. Para explotar sus artes de prestidigitador. Hace daño cuando aparece, no cuando está. La zaga rusa aún no sabe por dónde apareció para dar el 0-1 ni para hacer el segundo. Buonanotte mostró su fútbol de torbellino, driblando donde hace daño, buscando las cosquillas a los centrales. Qué bueno que volvió el potrero, ese que bajó sus pulsaciones para recortar en una cancha helada y definir con la derecha. Fue más fría su filigrana que el mercurio del Petrovsky.

Aunque Pellegrini recurrió al Capitán América frente al Increíble Hulk, fue Eliseu el que redujo al súperhombre del Zenit. Le quitó el balón y le pinchó los músculos. Danny, más enclenque, campó por el área blanquiazul como una termita. Batió a Caballero, aunque el argentino no da segundas oportunidades. Nunca hay que cursarle invitación, aparece como los súperheroes, sin reclamarlo, justo cuando hace falta. Le sobran parafernalia y vedetismo. Él hace su trabajo con la misma modestia y naturalidad que un panadero, aunque sus guantes sean planchas de oro. Kerzhakov también lo comprobó. Willy, su foto es la del empleado del mes cada mes en Martiricos y el nuevo San Pancracio en más de un hogar blanquiazul.

Denisov era mucho, pero Pellegrini lo tiene de dos cabezas, Toulalan y Camacho. Cuatro pulmones cuando lo pasó mal el Málaga; no es fácil jugar a la ruleta rusa contra un ruso. Aguantaron los menos habituales, tan denodados como los titulares. La transfusión de moral y las medallas que hoy recogen son su premio.

Los cinco minutos finales, tras el ilegal y extraño 2-2, que dolió más a Shatat que a Pellegrini, supuso un doble o nada. Cero euros de no ser por Caballero, otro millón si Santa Cruz y Buonanotte no llegan a chutar en reserva. Pero, como en San Siro, fue otro triunfo recubierto de empate. Ganar, el verbo del Málaga en Champions. Esa competición que vive un amor a primera vista con los blanquiazules.

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