Liga bbva

Europa se apaga (1-0)

  • El Málaga sufre el gatillazo de siempre a domicilio, ve alejarse la sexta posición y cómo se empieza a comprometer la séptima Arruabarrena marcó a balón parado en un partido malo.

A medida que el Málaga se va diluyendo fuera de casa, Europa acelera, le deja atrás y se va convirtiendo en un punto de fuga. La concatenación de derrotas recuerda, de paso, la quimera que era pensar en luchar por acabar entre los seis primeros cuando los recursos ofensivos que hay en el plantel están a años de luz de los rivales que hay por arriba. Quizá quede la resignación de soñar con mantener la séptima plaza o con ver unos cuantos grandes partidos aún en casa, que no es mala recompensa. Pero cada salida recuerda que hace falta mucho más para ir a la Europa League por la vía directa. Suena algo injusto hablar de decepciones con un equipo que ha hecho los deberes de la salvación con prontitud y muy buenas maneras. Pero es innegable el suplicio de tanta impotencia lejos de La Rosaleda. 

 

Los desplazamientos del Málaga son secuelas de una misma saga. Una saga de derrotas, impotencia y errores repetidos contra equipos peor armados técnicamente pero más fiables en la conversión de la necesidad en puntos. Mientras los Levante, Granada, Rayo y Eibar tiraron de fe a falta de armas mejores, los de Javi Gracia muestran un gatillazo que no por esperable es menos doloroso. Porque el porcentaje de fútbol que llevan dentro los blanquiazules se reduce a más de la mitad lejos de casa. 

 

Las crónicas se repiten y llenan de bilis el camino de aquí a final de temporada. Huelga hablar de la dificultad de los próximos dos duelos, Atlético y Real Madrid, pero al menos ante ellos se puede inferir la mejor versión de los de Gracia. Eso sí, comienza a peligrar la séptima posición ante un Athletic al alza que en cuestión de siete días puede recortar la distancia o hasta ponerse por delante. Así que el crisol con el que la afición está valorando a los suyos se ha empañado. Nadie quitará el aprobado, pero el anhelo del sobresaliente está suponiendo un aterrizaje de emergencia en la realidad. 

 

El Eibar, poca cosa anoche (¿les suena?), sólo hizo una cosa diferente a otros rivales similares del Málaga: no irse en ventaja al descanso. De hecho, había poca perspectiva de gol en Ipurúa. Sólo un factor podía desenganchar el duelo del tedio. Y llegó como tantos cientos de goles se han visto en Ipurúa, a balón parado.

Arruabarrena penalizó la desatención de Angeleri y el Málaga se obligó a subir el pistón. Y pasó lo que pasa en esta suerte de partidos con objetivos tan dispares. Los de Gracia sacaron los tanques y los de Garitano se metieron en su cueva para evitar que entraran a robarle su tesoro. En cinco minutos se llevaron varios cántaros a la fuente, pero fueron de acero, irrompibles. Con todo lo mejor posible sobre el campo, la sensación de empate incrementó. Pero también la de impotencia. La historia de siempre, la de un equipo al que le cuesta un mundo hacer gol.

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