Qué gustazo de Málaga (2-0)

Fútbol

A la batura de un Portillo delicioso, el equipo de Schuster se marca una noche de buen fútbol, tesón y grandes invidualidades. El Almería acabó empujado atrás, impotente ante ese caudal.

José L. Malo

Málaga, 24 de septiembre 2013 - 23:45

Felicidad, se mire por donde se mire. Cuatro jornadas sin perder, tres sin encajar, dos partidos seguidos en casa ganando. Eso es sólo lo numérico. El Málaga regó de sinestesia La Rosaleda, fue una noche para los sentidos. No es la fábrica de Pellegrini, pero quién la echó de menos anoche. Fue un partido de deleite. Con chispazos en la primera mitad, con una dictadura de dominio y fe en la segunda para apocar a un Almería estéril ante tanto caudal ofensivo. Una tarta de varios pisos de alegría con Portillo en lo más alto. El paleño clavó una bandera de magia y cantera, de fútbol superlativo. El punto y final del partido debía ser suyo. Lo puso de manera triunfal, poniendo el teatro en pie.

Conviene que la retina no lo olvide. Todo era un pinball en la porfía de Santa Cruz. La obra de arte comenzó cuando le llegó el esférico a los pies. Portillo hipnotizó el balón y la pierna de Eliseu, de no ser así le hubiera hundido la espinilla. El mundo giró a cámara lenta en todas partes menos en la cabeza del paleño, que vio la escuadra en su retrovisor. Su último cuadro del partido fue una parábola de golpeo mimoso y definición demoledora. Su partido fue una pinacoteca. En el último suspiro hizo contener la respiración por última vez. Tremendo.

Ese fue sólo el colofón. Ni siquiera se acabó el disfrute. Porque el Málaga dejó a su aficionado imaginando un futuro muy feliz. Aparecieron roles muy parecidos a los del año pasado. En cabeza el de Portillo. Dijo Schuster que quería convertirle en el nuevo Isco. La transmutación del paleño va por buen camino. Dos taconazos en la segunda mitad, un gol sublime. Portisco, un digno sucesor en camino. Pero si sólo fuera eso...

Resultó precioso ver al paleño y a Jesús Gámez reescribir el manual de la cantera blanquiazul. Isco ya no es la bandera para los niños, pero no significa que les falten motivos para hacer realidad el sueño. Pueden desear querer ser ellos. El mejor fútbol se cocinó en la banda derecha en la primera mitad. Gámez una apisonadora, Portillo un delineante. Dos balas en clave malagueña con El Hamdaoui de carnaza, aunque sin remate entre los tres palos.

El equipo de ramalazos fue haciéndose una obra maestra coral tras el descanso. El equipo amaestró a la lógica y a la justicia. El Almería fue empujado más y más hacia su campo. El premio llegó a balón parado, ahí también hay un buen arsenal. El golpeo exquisito de Duda, la fe de Sergio Sánchez y Tissone para rematar. Tissone, que está en clave toulalanesca. Y se podría decir que Angeleri vive aweligtonizado. Y así sucesivamente con Sergio Sánchez o Darder, la nueva batuta. Caballero se plagió a sí mismo, a su mejor versión. Que no falten los méritos para Schuster. Otro planteamiento genial, otro recital de cómo hacer cambios. Y un equipo a un nivel físico brutal. No hay pasado que añorar sino futuro que esperar.

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