Toros en Málaga | Séptima de abono Terrible mansada del Puerto de San Lorenzo

  • Se lidiaron seis toros de la ganadería titular que, si bien cumplieron en presentación, dieron un nefasto juego por la nula bravura

  • El cartel se había reconfigurado con Finito y Juan Ortega tras las bajas de Fandi y Castella

La personalidad acusada de Juan Ortega es un ayudado por bajo

La personalidad acusada de Juan Ortega es un ayudado por bajo / Daniel Pérez / EFE

A la postre, poco tuvo que ver el cartel del 20 de agosto con lo que inicialmente se había presentado. El Fandi se sabía baja –sin confirmación- desde los primeros días de la feria. Lo de Castella llegó en la misma mañana de ayer, pocas horas después de que se hiciera pública la ausencia del granadino. Lo cierto es que con anterioridad se había comentado en los mentideros taurinos que ver al galo abriendo plaza sería motivo de sorpresa. No se equivocaban. Y al fin, lo que se sabe: quedó intacto el 50% del festejo e incrementada exponencialmente la expectación. Finito –quid pro quo- y Juan Ortega, el de la zurda del deleite que no se pudo ver.

En cuanto al toro, no fueron pocos los que decían en el sorteo que “venía seria”. Apto alguno de los negros que pasearon por el ruedo para una plaza norteña. Se quedaron cuatro entre las reses rechazadas pero los demás, con sus más y sus menos, estuvieron a la altura.

Cumplió con ello el primero. Alto, serio, hondo. Lo que es el toro. Y suelto de salida. Lo que es el encaste pero con el aliciente de una terrible mansada en su conjunto. Correteó por el albero entre capotazo y capotazo del Fino. Derribó Langosto a Pedro Geniz y se fue a la otra punta para ser picado. No se movería de allí, buscando cualquier rincón de la plaza en la que no estuviera Finito. Lo fue sobando poco a poco, entre puntazos en la muleta y derrotes de feo resultado. Comenzó a torear en redondo cuando habían pasado más de seis minutos. La ausencia de limpieza en el trazo no quitó la belleza de los remates en forma de carteles de toros. Sonó un aviso antes de entrar a matar y, hasta que cayó el animal con el segundo toque de clarín, el diestro resbaló el estoque y pinchó. Recogió una fuerza ovación. Estaba feliz.

Finito de Córdoba se reencontró con La Malagueta en su segundo toro Finito de Córdoba se reencontró con La Malagueta en su segundo toro

Finito de Córdoba se reencontró con La Malagueta en su segundo toro / Daniel Pérez / EFE

En el cuarto, de menos peso pero alto de alzada, Finito regaló cuatro medias verónicas que resonaron en la excelencia de la naturalidad. Sin probaturas se fue a torear en redondo por la derecha. Tandas largas, combinando la mano baja con otros de figura erguida. La personalidad del Cordobés en los remates de cada muletazo. El pase entre trazo y trazo con la mano en jarra. Luego en el aire. Luego acariciando el albero tras un natural de regusto. No tuvo la rotundidad de una faena compacta pero los detalles al mansito fueron un hilo de nostalgia a otra época del Fino. Aguantó bien el presidente Carlos Bueno una petición que no floreció de forma mayoritaria. El público reconoció la faena y el torero dio la vuelta al ruedo que disfrutó en la cadencia de la alegría.

El segundo fue igual de suelto que el primero en la muleta. Cayó en suerte con el capote de Ambel y de una proverbial lidia. Saludó en compañía de Curro Javier. Tardó unos minutos Miguel Ángel Perera en embeberlo en la muleta pero, en el momento en el que dejó la franela presentada tapando la salida, el del PSL respondió. Fueron tres en redondo, sin permitir que el animal viera otra cosa que no fuera muleta. El público aplaudió con intensidad, rozando el hartazgo de una mansedumbre y sin saber lo que vendría todavía. Saldrían más y peor. Por la izquierda perdió fondo y Perera, entre una generosa musicalidad de Miraflores, hizo alarde de su técnica. Pinchó y dejó dos bajonazos. Fue ovacionado.

El quinto salió huyendo de la puya de Ignacio Rodríguez. Volvió a saludar la cuadrilla de Perera. Para sorpresa de muchos, el del PSL se quedó en la muleta. Comenzó con varias tandas por el derecho y otras tantas por el izquierdo, intentando esquivar unos derrotes que en varias ocasiones toparon con la tela. Los pases en línea recta se transformaron en una sucesión de arrimones desde el centro del ruedo. Un fandanguista se arrancó en sol y sombra antes de que Perera se entretuviera a pinchar cinco veces. Sonó un aviso y, tras el quinto intento de entrar a matar, saludó.

Juan Ortega, el esperado, hizo en cuatro lances a la verónica y otros mismos por chicuelinas el mejor toreo de capa de la feria. Por la plaza andaba un torero. Allí se marchó, al centro del ruedo, a brindar la faena. El manso se iba y Juan Ortega aprovechaba las venidas para componer la figura. Medio muletazo y el olé entero del público. Casi se lo lleva por delante en una arrancada en falso. La faena destelló en alarde de remates. A todo esto, la música sonó dentro de un protagonismo que no se correspondía con la intensidad del ruedo. Pinchó y recogió una fuerte ovación en forma de saludos.

Al sexto le enlazó un ramillete de chicuelinas a compás que constataron lo escrito un párrafo arriba. Cantó la querencia en un par de ocasiones durante los primeros tercios pero los primeros doblones por bajo esfumaron los fantasmas. Buscó de inicio torear bonito antes que para las exigencias del animal, faltando conjunción entre ambos. La incertidumbre que rebosaba por sendos pitones no ayudó a la sinergia. Lo más destacable fue una tanda de elegantes molinetes en el centro del ruedo al final. Una buena estocada y dio la vuelta al ruedo. Las corridas de toros de la feria 2019 acababan así.

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