Dios existe, su nombre es Petrunya | Festival de cine de Sevilla Mujer macedonia empoderada

Zorica Nusheva, protagonista de 'Dios existe, su nombre es Petrunya'. Zorica Nusheva, protagonista de 'Dios existe, su nombre es Petrunya'.

Zorica Nusheva, protagonista de 'Dios existe, su nombre es Petrunya'.

Desde una “Macedonia medieval” (son palabras literales), Dios existe, su nombre es Petrunya se suma a esa oleada del cine feminista que necesita del monstruo patriarcal para seguir alimentando su discurso de denuncia y empoderamiento para públicos proclives al aplauso y premios europeos con menos luces de lo que su nombre anuncia.

En apenas diez minutos, nuestra protagonista, una treintañera gordita, licenciada en Historia, parada y aún en casa de sus padres, ya ha pasado por todas las necesarias humillaciones que nos ponen de su parte. Está todo listo para la anécdota, el salto al río para coger una cruz en un ritual religioso restringido para hombres, que detone el sainete tragicómico, a mitad de camino entre el viejo cine balcánico de los noventa y el absurdo rumano de principios de siglo. Strugar Mitevska se deja llevar por los peores tics del punto de vista y no consigue nunca un mínimo equilibrio formal para su propuesta de subrayados e impugnación de una sociedad en la que la justicia, la policía, la iglesia, el periodismo o la familia comparten una misma condena satírica. En la larga espera, empoderada ya casi sin querer y haciendo méritos para el Giraldillo, a Petrunya (Zorica Nusheva) incluso le da tiempo de echarse novio.