La mitad de los noruegos no quieren a Mette-Marit como futura reina

La polémica de los correos con Jeffrey Epstein ha llegado al Parlamento

Haakon y Mette Marit de Noruega / Instagram
Medina Benítez

04 de febrero 2026 - 09:42

La monarquía de Noruega, históricamente una de las más queridas y estables de Europa, se encuentra hoy en una encrucijada de desafección ciudadana sin precedentes. Según los datos publicados este martes por el canal TV2, la desconfianza hacia la princesa Mette-Marit se ha disparado, situando a la esposa del heredero Haakon en una posición de extrema vulnerabilidad política. El 47,6% de los noruegos rechaza ya que asuma el título de reina en el futuro, frente a un escaso 28,9% que mantiene su apoyo.

El detonante de este desplome en la popularidad ha sido la desclasificación de documentos que confirman una amistad prolongada con Jeffrey Epstein. La princesa mantuvo contacto con el magnate hasta un año después de sus visitas a su mansión de Palm Beach en 2013, un lugar señalado por la Fiscalía estadounidense como escenario de abusos a menores. Este vínculo ha generado una sombra de duda sobre el criterio de la futura soberana que sus disculpas públicas no han logrado disipar.

En un escrito marcado por la vergüenza y el arrepentimiento, Mette-Marit ha admitido su responsabilidad por no haber investigado el trasfondo de Epstein. Sin embargo, para gran parte de la opinión pública, el reconocimiento de su "escaso juicio" llega tarde. La sensación de que la institución se ha debilitado es compartida por el 70% de la población, que asiste con estupor a una sucesión de escándalos que afectan al núcleo duro de la familia de los Glucksburg.

A este escándalo diplomático y ético se suma el proceso penal contra Marius Borg Høiby, hijo de una relación anterior de la princesa. El juicio, que ha comenzado esta semana en Oslo, sitúa a Høiby ante la justicia por 38 delitos, entre los que destacan cuatro casos de violación a mujeres mientras dormían y seis de conducta sexual vejatoria. Aunque Marius no es miembro oficial de la Casa Real, su pertenencia al círculo íntimo de los herederos contamina inevitablemente la imagen de la Corona.

La tensión trasladaba también este martes al Storting (Parlamento), donde se ha debatido una moción para cambiar la forma de gobierno por una república. La propuesta, impulsada por el Partido de Izquierda Socialista y los excomunistas, fue rechazada por 141 votos contra 26. A pesar de la amplia derrota de la iniciativa republicana, los resultados confirman que la monarquía sigue contando con el blindaje de los partidos mayoritarios, aunque el debate social sea más encendido que nunca.

Comparando esta votación con la de junio de 2022, se observa que el republicanismo militante ha retrocedido ligeramente en escaños (de 35 a 26), pero la desconfianza social es cualitativamente superior. La Constitución noruega exige dos tercios de la cámara para cambiar el modelo de Estado, una cifra que hoy parece lejana, pero que los analistas vigilan de cerca ante la erosión constante del prestigio de los futuros reyes.

El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, ha tomado cartas en el asunto al exigir que la princesa ofrezca más detalles sobre su relación con el pederasta. La intervención del jefe de Gobierno subraya que el caso ha dejado de ser una cuestión de la vida privada para afectar a la integridad de la representación exterior del país. El Gobierno necesita cerrar esta crisis antes de que el sentimiento republicano encuentre un terreno más fértil entre los votantes moderados.

La repercusión también ha llegado al ámbito de la sociedad civil. Varias organizaciones de las que Mette-Marit es protectora, como la Cruz Roja noruega, han convocado reuniones extraordinarias para evaluar si la imagen de la princesa es compatible con los valores que defienden. La posibilidad de que la futura reina pierda sus patronazgos institucionales supondría un golpe simbólico definitivo a su papel en la vida pública del país.

Mientras tanto, en el juicio de Oslo, Marius Borg Høiby ha intentado defenderse admitiendo agresiones menores pero negando las violaciones. Este desfile de testimonios escabrosos durante las próximas siete semanas garantiza que la Casa Real ocupará los titulares por motivos criminales durante casi dos meses, manteniendo la herida abierta en un momento en que la institución necesita silencio y discreción para recomponerse.

En definitiva, Noruega asiste a un cambio de paradigma en la relación con su corona. La combinación de malas compañías internacionales y conductas delictivas familiares ha quebrado el aura de ejemplaridad que protegía a Haakon y Mette-Marit. El reto de la pareja será demostrar, si es que aún es posible, que su proyecto monárquico puede sobrevivir a una crisis de confianza que ya no solo cuestiona sus actos, sino su propia idoneidad para el trono.

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