El menú en homenaje a la trufa negra que prepara este exclusivo restaurante de Málaga: tiene un Sol Repsol

Platos elaborados con trufa negra.
Platos elaborados con trufa negra. / GOMA

Hay productos que solo aparecen cuando el calendario y la tierra se ponen de acuerdo. La trufa negra de invierno es uno de ellos: breve, intensa y profundamente ligada a la estacionalidad. En Marbella, cuando enero avanza y el invierno se asienta, este diamante gastronómico se convierte en el hilo conductor de una propuesta efímera que pone el foco en el producto, el equilibrio y la precisión. Así se articula el nuevo menú especial que Areia Marbella dedica a la Tuber melanosporum, una experiencia concebida como un recorrido sensorial en torno a uno de los grandes tesoros de la despensa invernal.

Areia es el proyecto personal de Carlos García Mayoralas, responsable de sala y restaurant manager, y uno de los nombres más recientes en consolidarse dentro de la alta gastronomía de la provincia de Málaga. Ubicado en Marbella, el restaurante propone un ambiente natural y cálido, inspirado en el Mediterráneo, que acompaña una cocina centrada en el producto y la temporalidad.

En los fogones, el chef Samuele Sodano lidera una propuesta que combina elaboraciones clásicas, técnicas precisas y terminaciones en mesa, configurando una experiencia que se desarrolla tanto en cocina como en sala. Esta identidad le valió a Areia la obtención de un Sol Repsol en apenas unos meses, situándolo entre los restaurantes más destacados del panorama gastronómico malagueño.

Un menú dedicado a la trufa negra de invierno

En este contexto, Areia Marbella presenta un menú gastronómico único dedicado íntegramente a la trufa negra de invierno, la Tuber melanosporum. Se trata de una propuesta de carácter limitado, disponible únicamente los días 23, 24, 30 y 31 de enero, y concebida como un recorrido por distintas técnicas, intensidades y armonías en torno a este producto excepcional. Este menú especial dedicado a la trufa negra tiene un precio de 225 euros por persona y refuerza el compromisol restaurante con la temporalidad y el producto de excelencia.

La trufa no aparece como un elemento decorativo, sino como un hilo conductor integrado con precisión en cada pase. El menú nace desde una visión clara: equilibrio, elegancia sin artificios y protagonismo absoluto del producto.

Así es el menú: la trufa como protagonista

La experiencia comienza con una sopa de cebolla acompañada de buñuelos de Vacherin Mont d’Or y trufa negra, una apertura profunda y reconfortante que marca el tono del menú. A continuación, una vieira gallega se presenta con vinagreta périgourdine, salsa de setas de temporada y trufa, estableciendo un diálogo sutil entre el mar y el bosque. Los pases vegetales ganan presencia con los guisantes lágrima, queso manchego y trufa melanosporum, seguidos de unos ñoquis de patata con beurre blanc y trufa. El recorrido continúa con un risotto de remolacha, ajo negro, piñones y trufa negra, una elaboración que combina intensidad y equilibrio.

En los platos principales, la propuesta se adentra en el clasicismo reinterpretado. El lenguado al Champagne con trufa melanosporum abre este tramo del menú, antes de dar paso a una molleja de ternera presentada en dos salsas con trufa negra. El recorrido culmina con el solomillo Rossini, uno de los grandes iconos de la alta cocina históricamente vinculada al uso de la trufa. El cierre dulce mantiene la coherencia del discurso gastronómico con un soufflé de avellana y trufa negra, un final delicado que prolonga la presencia del producto hasta el último pase.

Areia, cocina de producto y temporada como eje central

La filosofía de Areia se construye sobre dos pilares claros: el respeto al producto y su adaptación al momento del año. La carta, definida como viva y en constante evolución, se apoya en una cuidada selección de materias primas y en una bodega que supera las 400 referencias, diseñada para acompañar y completar la experiencia gastronómica.

Según la Guía Repsol, entre los platos más representativos del restaurante figuran propuestas como el solomillo Rossini con salsa périgourdine, el jarrete de ternera, el steak tartar o la tarta Alaska, elaboraciones que dialogan con la tradición desde una mirada contemporánea.

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