El pueblo de Málaga que resistió invasiones, guerras y plagas y hoy presume de ser el mejor balcón de la Axarquía

Una fortaleza histórica convertida en balcón natural, así es Comares

El pueblo de Málaga que es el rey del mosto y por qué visitarlo

Una panorámica de Comares. / Ayto. Comares

Hay pueblos que no solo se miran, sino que se escuchan. En lo alto de una montaña, cuando las campanas rompen el silencio y el horizonte se abre sin obstáculos, Comares aparece como un vigía antiguo que nunca abandonó su puesto. A más de 700 metros de altura sobre el nivel del mar, este pueblo de la Axarquía malagueña observa un paisaje que une sierras, olivares y el Mediterráneo en un mismo golpe de vista. Su silueta blanca, recortada contra el cielo, no es fruto del azar, sino el resultado de siglos de historia, resistencia y adaptación al territorio.

La ubicación de Comares explica buena parte de su trayectoria. Situado en una posición dominante, el municipio controla visualmente gran parte de la comarca de la Axarquía y mantiene una relación directa con el paisaje que lo rodea. Olivos, vides y almendros han ido configurando con el paso del tiempo un entorno agrícola que acompaña al casco urbano, reforzando esa imagen de pueblo elevado que parece suspendido entre la sierra y el mar.

Este emplazamiento privilegiado es el origen de su sobrenombre más conocido: el mejor balcón de la Axarquía. Lejos de ser una metáfora, las vistas panorámicas abarcan desde los Montes de Málaga hasta la Costa del Sol Oriental, convirtiendo al paisaje en una presencia constante desde prácticamente cualquier punto del municipio.

Orígenes antiguos y huella del Mediterráneo

La historia de Comares se remonta mucho más allá de la estética andalusí que hoy define su imagen. Sus raíces se hunden en el Mediterráneo antiguo, cuando los navegantes griegos focenses fundaron en el siglo VII a. C. un asentamiento llamado Komaron, cuyo significado, “tierra de madroños”, alude a la riqueza natural del entorno.

A lo largo de los siglos, diferentes civilizaciones dejaron su impronta en este enclave, aunque fue durante la época musulmana cuando Comares alcanzó uno de sus momentos de mayor relevancia. Bajo el nombre de Hisn Comarix, que significa “castillo en lo alto”, el pueblo se consolidó como una fortaleza natural, clave para el control del territorio.

El legado andalusí y la conquista cristiana

La fisonomía actual de Comares es heredera directa de aquel periodo andalusí. Fachadas encaladas, tejados de tonos anaranjados y un entramado de calles estrechas y empedradas conforman un trazado urbano pensado tanto para la defensa como para la adaptación al terreno. En ese contexto se levantó el castillo, del que hoy solo permanecen algunos vestigios, junto a muros, torres, arcos y aljibes que aún salpican el municipio.

Con la conquista cristiana, Comares pasó a formar parte de la Corona de Castilla tras la rendición del último alcaide musulmán ante los Reyes Católicos. Según la tradición, este episodio tuvo lugar bajo el arco de la actual Puerta de Málaga, una de las entradas históricas a la villa. En aquel momento, las familias musulmanas que permanecieron en el pueblo fueron rebautizadas públicamente en una ceremonia celebrada en la hoy conocida como calle del Perdón, un hecho que quedó grabado en la memoria colectiva.

Resistencia, adversidades y recuperación

La historia de Comares no estuvo exenta de dificultades. A pesar de su fortaleza natural, el municipio fue testigo de episodios convulsos. Durante la invasión napoleónica, las tropas francesas penetraron en la localidad, aunque no lograron someterla, como ocurrió en otros puntos de la Axarquía.

Ya en el siglo XX, una nueva amenaza golpeó al municipio desde el ámbito agrícola: la filoxera, que arrasó los campos de vid y alteró profundamente la economía local. Con el paso del tiempo, los terrenos recuperaron su vitalidad, devolviendo al paisaje sus colores, aromas y sabores característicos.

Arquitectura, patrimonio y tradiciones

Más allá de su entorno natural, Comares conserva un notable patrimonio histórico y cultural. La Iglesia de la Encarnación se levanta sobre una antigua mezquita, simbolizando la superposición de culturas que define al municipio. A ello se suman los restos del castillo baluarte de La Tahona y el Aljibe Mozárabe del siglo XIII, una obra subterránea que testimonia el avanzado conocimiento hidráulico de la época andalusí.

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Espacios como la Plaza del Ayuntamiento o el Mirador Urbano, considerado uno de los miradores más altos de toda la Axarquía, se integran en el trazado urbano como puntos clave desde los que comprender la relación entre el pueblo y su paisaje.

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